El Mensajero
Villa María

Villa María, 159 años entre luces y sombras

Por Luis Emanuel Cecchini

Hay lugares que simplemente habitamos y hay otros que, con el paso de los años, terminan habitándonos a nosotros. Para mí, Villa María es eso: mucho más que una ciudad. Es el lugar donde crecí, donde construí recuerdos, donde conocí personas que marcaron mi vida y donde también encontré oportunidades para estudiar, trabajar, desarrollarme y proyectar mi futuro.

Villa María cumple 159 años y, como villamariense, siento que la mejor manera de celebrar este aniversario no es solamente enumerar sus virtudes. También es animarnos a hablar de aquello que nos preocupa. Porque querer una ciudad no significa decir que todo está bien. Al contrario: muchas veces, quererla significa mirarla de frente, reconocer sus luces y también sus sombras.

Una ciudad que todavía se siente cercana

Una de las cosas que más valoro de Villa María es su tamaño. No somos una gran metrópoli. Y eso, en muchos sentidos, es una ventaja. Acá todavía podemos cruzarnos con alguien conocido caminando por la calle, encontrarnos con amigos en un bar, ir de un punto de la ciudad a otro sin necesitar horas de viaje y mantener cierta sensación de cercanía que en las grandes ciudades prácticamente desapareció.

Villa María tiene movimiento, pero todavía conserva una escala humana. Claro que también hemos crecido. Y mucho. La ciudad se expandió, aparecieron nuevos barrios, edificios, comercios, emprendimientos y espacios de servicios. Hay una actividad económica importante, el movimiento de estudiantes es constante,  y una comunidad que, pese a las dificultades, sigue buscando la manera de crecer.

Villa María es una ciudad pujante.

Y esa palabra, que puede sonar muchas veces a discurso institucional, tiene para mí un significado concreto: es una ciudad donde muchas personas intentan hacer cosas. Hay comerciantes que abren sus puertas todos los días, emprendedores que buscan nuevas oportunidades, profesionales que desarrollan sus proyectos, instituciones que trabajan y vecinos que se esfuerzan para salir adelante.

También es una ciudad que brinda oportunidades. No necesariamente las mismas para todos, porque sabemos que existen desigualdades. Pero Villa María tiene una estructura educativa, cultural, comercial y productiva que permite que muchos podamos construir acá una parte importante de nuestro proyecto de vida. Yo mismo soy parte de esa historia.

Una ciudad con una enorme vida educativa y  cultural

Villa María es una ciudad universitaria. Año a año miles de jóvenes, de la ciudad, de la región y de todo el país estudian en sus universidades y sus terciarios, carreras profesionales, docentes y técnicas. Con ellos conviven los miles de niños que llenan las aulas de las guarderías, jardines de infantes, escuelas primarias y secundarias.

Y hay otra Villa María que muchas veces no miramos lo suficiente: la cultural. La ciudad tiene una vida cultural intensa. Hay músicos, escritores, artistas, docentes, fotógrafos, periodistas, actores, gestores culturales, instituciones y espacios independientes que generan propuestas durante todo el año.

Tenemos festivales, espectáculos, talleres, muestras, actividades literarias, propuestas educativas y encuentros que muestran que una ciudad no se construye solamente con calles, edificios y obras. También se construye con cultura.

Y en eso Villa María tiene mucho para mostrar. El Festival Internacional de Peñas, por supuesto, ocupa un lugar central en nuestra identidad y proyecta a la ciudad mucho más allá de sus límites. Pero reducir nuestra cultura al Festival sería injusto. Hay una enorme cantidad de personas que trabajan durante todo el año para mantener viva una agenda cultural diversa. Eso también es Villa María.

Pero no todo es celebración

Cumplir 159 años también debería servir para hablar de los problemas que llevamos demasiado tiempo arrastrando. Porque hay sombras que no desaparecen simplemente porque la ciudad crezca. Una de ellas es la inseguridad.

En los últimos años hemos visto crecer la preocupación de los vecinos por los robos, los hechos delictivos y distintas situaciones que afectan la tranquilidad cotidiana. Hay personas que cambian sus hábitos, que miran dos veces antes de salir de noche, que se preocupan cuando sus hijos vuelven tarde o que sienten temor por dejar su casa sola.

No se trata de convertir a Villa María en una ciudad invivible. Tampoco de alimentar el miedo. Se trata de reconocer un problema. Y otro problema que aparece cada vez con mayor preocupación es el consumo y la circulación de drogas.

Es una cuestión compleja, que no puede resolverse solamente con más controles policiales. Hay aspectos vinculados con la prevención, la salud, la educación, el acompañamiento familiar, las oportunidades laborales y las políticas sociales. Pero tampoco podemos naturalizarlo.

Hay otra cuestión que forma parte de nuestra vida diaria: el tránsito. Villa María ya no es aquella ciudad pequeña de hace varias décadas. Hay más vehículos, más movimiento, más barrios y más circulación. Pero muchas veces seguimos manejándonos como si la ciudad no hubiera cambiado.

Cruzar una calle puede convertirse en una situación de riesgo. Las motos aparecen en muchos sectores sin respetar normas básicas. Los autos circulan a velocidades que no corresponden. Hay estacionamientos indebidos, maniobras imprudentes y una convivencia cada vez más complicada entre autos, motos, bicicletas y peatones. Y hay algo todavía más preocupante: nos hemos acostumbrado.

La Villa María que quiero

Cuando pienso en Villa María, las primeras imágenes que aparecen no son las de la inseguridad ni las del tránsito. Pienso en mi infancia. En las calles que recorrí. En las personas que conocí. En los lugares donde aprendí. En las oportunidades que esta ciudad me dio.

Pienso en quienes me acompañaron y en quienes ya no están. Pienso en las conversaciones, en los encuentros, en los cafés, en el trabajo, en la radio, en el periodismo y en tantas historias que solamente pueden entenderse cuando uno tiene una relación profunda con el lugar donde vive.

Villa María también es eso. Es la ciudad que nos vio crecer. La que nos permitió equivocarnos y volver a empezar. La que, con sus limitaciones, muchas veces nos abrió una puerta. La que nos permitió estudiar, trabajar, formar una familia, hacer amigos y desarrollar nuestros proyectos. Por eso creo que tenemos derecho a exigirle más. Precisamente porque la queremos.

Los 159 años deberían encontrarnos orgullosos de lo que Villa María consiguió, pero también conscientes de todo lo que todavía falta. Tenemos una ciudad con potencial.

Tenemos instituciones, universidades, empresas, comercios, artistas, periodistas, profesionales, trabajadores, emprendedores y vecinos que todos los días hacen algo para que Villa María siga adelante. Tenemos problemas, sí. Pero también tenemos una enorme capacidad para enfrentarlos.

La pregunta es qué ciudad queremos construir para los próximos años. Una ciudad más segura. Con un tránsito más ordenado. Con más oportunidades para los jóvenes. Con espacios públicos cuidados. Con cultura. Con educación. Con trabajo. Con accesibilidad. Con oportunidades para las personas con discapacidad.

Ser de Villa María

Yo soy villamariense y tengo una relación profundamente emocional con esta ciudad. No creo que Villa María sea perfecta. Tampoco creo que tengamos que pretender que lo sea. Villa María tiene  luces y sombras.

La luz está en su gente, en su cultura, en su movimiento, en quienes trabajan todos los días, en quienes estudian, emprenden, enseñan, crean y ayudan. La sombra está en aquello que todavía no pudimos resolver: la inseguridad, las drogas, el tránsito, algunas desigualdades y tantos problemas que se volvieron crónicos.

A 159 años de su nacimiento, quiero seguir viendo crecer a Villa María. Pero quiero que ese crecimiento vaya acompañado de algo todavía más importante: una ciudad donde podamos vivir con tranquilidad, caminar sus calles, disfrutar de su cultura, encontrar oportunidades y sentir que el futuro también puede construirse acá. Porque, con sus luces y sus sombras, Villa María sigue siendo nuestra ciudad.

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