El 39.º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, realizado en Córdoba del 10 al 12 de octubre de 2026, volvió a poner sobre la mesa una desigualdad que atraviesa el trabajo, los hogares y las organizaciones sindicales: las mujeres sostienen gran parte de la vida cotidiana, pero todavía deben disputar su lugar en los espacios de poder.
El cuidado es una de las expresiones más claras de esa brecha. Un informe publicado en 2026 en la provincia de Buenos Aires estimó que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 29,3% de su economía.
Aunque el dato no corresponde al conjunto del país, dimensiona el peso de una tarea indispensable que sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
Esa desigualdad también atraviesa al movimiento obrero. Las trabajadoras participan de asambleas, movilizaciones y conflictos, pero su presencia no siempre se traduce en poder de decisión. Estar en la mesa no es lo mismo que decidir qué se discute, qué se prioriza y qué derechos se defienden.
La disputa sindical no se limita a ocupar cargos. También implica transformar las agendas gremiales para que los cuidados, la violencia laboral y las desigualdades de género dejen de ser temas secundarios. No hay igualdad real cuando las mujeres deben demostrar permanentemente que merecen espacios que históricamente estuvieron reservados a los varones.
Además, la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado condiciona el tiempo y las posibilidades de participación de muchas trabajadoras. No se puede hablar de igualdad sindical si unas llegan a las reuniones después de cumplir una doble jornada y otras siguen teniendo mayores facilidades para ocupar esos espacios. La participación plena también exige discutir cómo se distribuyen las responsabilidades dentro y fuera del hogar.
El desafío es que las discusiones del Encuentro no queden encerradas en tres días de debate. Deben llegar a los lugares de trabajo, a las negociaciones paritarias y a las conducciones gremiales. Porque las mujeres no solo sostienen hogares, empleos y organizaciones: tienen derecho a definir las decisiones que afectan sus vidas.
La igualdad no se mide solamente por cuántas mujeres participan, sino también por cuánto poder tienen para transformar la realidad. Mientras cuidar siga siendo una responsabilidad casi exclusivamente femenina y las decisiones sindicales no reflejen plenamente sus demandas, la igualdad seguirá siendo una conquista pendiente.
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