La posible decisión del gobierno argentino de excluir a la Televisión Pública de la transmisión del Mundial de Fútbol 2026 ha generado preocupación en amplios sectores de la sociedad. De concretarse, sería la primera vez en más de medio siglo que los partidos de la Selección Argentina no se emitirían por el canal estatal, rompiendo una tradición que comenzó en el Mundial de Alemania 1974.
Aunque no existe una confirmación oficial, fuentes cercanas a la Secretaría de Comunicación y Medios han dejado entrever que la medida responde a razones económicas. Sin embargo, esta justificación ha sido ampliamente cuestionada. La transmisión del Mundial de Qatar 2022 por la TV Pública no solo fue rentable, sino que superó los costos de producción y adquisición de derechos gracias a los ingresos publicitarios. Además, los niveles de audiencia fueron superiores a los de otras señales televisivas, lo que demuestra el interés masivo por ver a la Selección a través de medios accesibles.
Más allá de los números, el debate se centra en el rol social de los medios públicos. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, en su artículo 77, garantiza el acceso universal a contenidos de interés relevante, incluyendo eventos deportivos de gran impacto. La exclusión de la TV Pública no solo vulneraría este derecho, sino que también dejaría a millones de argentinos sin acceso gratuito a los partidos, especialmente en regiones donde las señales privadas no tienen cobertura o requieren servicios pagos.
Este episodio se suma a una serie de decisiones que han debilitado la presencia de los medios públicos en eventos deportivos. En septiembre de 2023, la TV Pública ya había quedado fuera de la transmisión de un partido de Eliminatorias por falta de acuerdo con las empresas que poseen los derechos. La tendencia actual parece consolidar una política de vaciamiento, que prioriza la privatización de contenidos sobre el acceso equitativo.
La falta de transparencia y de comunicación oficial por parte del gobierno agrava la situación. Mientras se espera una definición concreta, crece la preocupación por el impacto cultural y simbólico de esta medida. El fútbol, en Argentina, no es solo un deporte: es parte de la identidad nacional, un espacio de encuentro colectivo y una fuente de orgullo compartido.
Privar a la ciudadanía del acceso libre a los partidos de su selección en el evento deportivo más importante del mundo no es una decisión menor. Es, en muchos sentidos, una forma de excluir a quienes históricamente han encontrado en la TV Pública una ventana abierta al mundo, sin barreras económicas ni geográficas.

