Por Gustavo Billarruel
La licenciada en Nutrición Anabela Quevedo (M.P. 3342) reflexiona sobre la celiaquía, la importancia de la empatía cotidiana y los riesgos invisibles de una enfermedad que todavía enfrenta desinformación y descuidos sociales.
En el mes de mayo se conmemora el Día Internacional de la Celiaquía, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad crónica que afecta a miles de personas y que exige cuidados permanentes para evitar consecuencias graves en la salud.
Aunque en los últimos años crecieron la información y las opciones alimentarias aptas, todavía persisten situaciones de desconocimiento, contaminación cruzada y falta de empatía en distintos ámbitos de la vida cotidiana.
En diálogo con este medio, la nutricionista Anabela Quevedo analizó cómo cambió la mirada social sobre la celiaquía, habló sobre los desafíos que enfrentan quienes conviven con esta condición y remarcó la importancia del diagnóstico temprano, el acompañamiento y la responsabilidad colectiva.
—En el marco del Día Internacional de la Celiaquía, ¿cómo ves hoy la realidad de las personas celíacas y qué cambios notás respecto de años anteriores?
—El 5 de mayo es una fecha muy importante porque busca concientizar, sensibilizar y difundir información sobre la enfermedad celíaca, que es una condición crónica. También apunta a mejorar el diagnóstico oportuno y promover la inclusión de las personas celíacas. En Argentina, además, durante mayo se trabaja especialmente sobre esta temática a través de la Ley Nacional 26.947.
Comparado con años anteriores, hoy hay más información y más conciencia social. La mayoría de las personas ya sabe, por ejemplo, que alguien con celiaquía no puede consumir trigo. También hay más opciones en supermercados, kioscos, restaurantes y casas de comida. Eso hace que la persona celíaca esté más incluida y tenga más posibilidades que antes.
Igualmente, todavía falta información en algunos aspectos. A veces se conoce el símbolo “Sin TACC”, pero no todos saben realmente qué significa o cuáles son los cuidados necesarios detrás de esa identificación.
—Anabela, ¿sentís que hoy existen más casos o que simplemente hay mejores herramientas de diagnóstico?
—La celiaquía siempre existió, no es una enfermedad nueva. Lo que sucede es que hoy hay más visibilidad, más acceso a controles y mejores herramientas de diagnóstico. Existen análisis específicos, estudios más accesibles y también controles en familiares de personas celíacas, incluso cuando no presentan síntomas.
Todo eso favorece el diagnóstico precoz y permite detectar la enfermedad mucho antes que en otros tiempos. No necesariamente hay más casos, sino que hoy se puede diagnosticar de una manera más eficiente y oportuna.
“Ese ‘poquito’ sí importa. Cuando una persona con celiaquía consume un alimento contaminado o algo que contiene gluten, aunque sea en pequeñas cantidades, se produce inflamación en el intestino.”
—Uno de los temas que suele aparecer es el costo de los productos aptos. Pero también está la cuestión social y cotidiana. ¿Creés que hoy existe más empatía?
—Sí, y eso también tiene que ver con que la enfermedad dejó de ser algo lejano. Hoy todos conocemos a alguien que tiene celiaquía: puede ser un familiar, una docente, un amigo o el compañero de escuela de un hijo. Entonces ya no es un tema que pasa por un costado.
Eso genera más empatía y más conciencia en situaciones cotidianas como cumpleaños, reuniones familiares, viajes escolares o eventos deportivos. Cada vez más personas entienden que hay que tener cuidados para que todos puedan compartir una comida de manera segura.
También hay más conocimiento sobre la contaminación cruzada y sobre la necesidad de elegir alimentos realmente seguros o servicios que trabajen correctamente con productos aptos para personas celíacas.
—Anabela, muchas veces todavía se escucha la frase “por un poquito no pasa nada”. ¿Qué consecuencias puede traer ese descuido?
—Ese “poquito” sí importa. Cuando una persona con celiaquía consume un alimento contaminado o algo que contiene gluten, aunque sea en pequeñas cantidades, se produce inflamación en el intestino.
El tratamiento para la celiaquía es una dieta libre de gluten de por vida. No hay excepciones. Cuando aparece esa inflamación, las vellosidades intestinales se dañan y el cuerpo deja de absorber nutrientes correctamente.
Eso puede provocar anemia, osteoporosis, infertilidad y otros problemas importantes de salud. Además, un intestino inflamado sostenido en el tiempo puede derivar en complicaciones mucho más graves. Por eso los cuidados deben mantenerse siempre y tomarse con mucha responsabilidad.
“La persona celíaca también es parte de la sociedad y no debería sentirse aislada.”
—¿Qué importancia tiene el acompañamiento una vez que aparece el diagnóstico?
—Es fundamental. Ante síntomas como cansancio, fatiga, malestar abdominal o anemia, y especialmente si hay antecedentes familiares, es importante consultar y hacer los estudios correspondientes.
Después del diagnóstico, acompañarse con profesionales y con otras personas que atraviesan la misma situación ayuda muchísimo. En Villa María, por ejemplo, hay grupos donde las personas comparten experiencias, información y herramientas para adaptarse a este cambio de vida.
Al principio puede parecer difícil, pero de a poco uno aprende a reconocer alimentos seguros, a leer etiquetas y a organizar la alimentación cotidiana. Hoy hay mucha más información y muchos más productos, pero siempre es importante asesorarse correctamente y cuidar la salud.
—Para cerrar, Anabela, ¿qué mensaje te gustaría dejarle a la sociedad?
—La persona celíaca también es parte de la sociedad y no debería sentirse aislada. Pero también creo que es importante que quien recibe el diagnóstico busque información, acompañamiento y herramientas para poder transitar este proceso.
La sociedad tiene que acompañar, comprender y generar espacios más inclusivos, pero también la persona debe involucrarse activamente en el cuidado de su salud y en la búsqueda de apoyo.
Hoy existen más recursos, más conocimiento y más posibilidades de adaptación. Lo importante es entender que la celiaquía no debe invisibilizarse y que pequeños cuidados pueden hacer una enorme diferencia en la calidad de vida de una persona.
“Hoy todos conocemos a alguien que tiene celiaquía: puede ser un familiar, una docente, un amigo o el compañero de escuela de un hijo.”

