El mundo conoció a Mr. Bean en 1990: un personaje torpe, ingenuo y casi mudo capaz de hacer reír a cualquier público. Detrás de esa creación se encontraba Rowan Atkinson, un actor británico marcado por la timidez y una leve tartamudez que lo llevó a expresarse mejor con gestos que con palabras.
Lo llamativo es que Atkinson no soñaba con ser comediante. Estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Newcastle y más tarde en Oxford. Fue allí, en actividades teatrales, donde descubrió que su verdadero talento no estaba en los circuitos, sino en la capacidad de provocar risas con silencios, gestos y muecas.
Así nació Mr. Bean: un adulto con alma de niño, inspirado en los grandes cómicos del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton. El personaje debutó en 1987 y poco después obtuvo su propia serie. Aunque solo se produjeron 15 episodios, el impacto fue tan grande que se transformó en un fenómeno mundial, exportado a más de 190 países y adaptado en películas y series animadas.
Con un Mini verde, su inseparable osito Teddy y casi sin pronunciar palabras, Mr. Bean logró comunicar más que miles de guiones. Y Rowan Atkinson, de tímido ingeniero, se convirtió en un ícono universal de la comedia, eterno en la memoria de la cultura popular.

