El Mensajero
AnálisisLocales

La ciudad donde todo está bien y nunca pasa casi nada

Escribe: La Mosca 🪰

Hay ciudades que viven en ebullición constante. Debates, conflictos, decisiones de peso, anuncios que cambian el tablero local. Y después está Villa María, donde la sensación dominante es que la gran noticia de la semana suele ser… que no hubo grandes noticias.

La agenda local viene funcionando con una prolijidad casi quirúrgica: cortes de cinta, talleres, capacitaciones, entregas simbólicas, recorridos oficiales y alguna que otra novedad de tránsito urbano que alcanza para ocupar titulares.

Si uno se distrae un segundo, puede perderse la “gran novedad del día”: una plaza reacondicionada, una campaña de concientización o la instalación de otra tanda de luces LED que, por supuesto, iluminan el futuro.

Todo está tan ordenado que casi parece diseñado para no incomodar a nadie.

La vida pública, en ese marco, queda reducida a una especie de administración de rutina. La política local se parece más a un boletín de actividades que a un espacio de disputa de ideas o de discusión sobre hacia dónde va la ciudad. Y cuando eso pasa, la agenda se achata sola: no porque falten medios que informen, sino porque sobran comunicados y faltan acontecimientos.

En ese escenario, el periodismo termina haciendo lo que puede: cubrir lo que hay. Y lo que hay, en buena medida, es lo que produce el propio municipio. El resultado es una especie de circuito cerrado donde la noticia se genera, se difunde y se celebra dentro del mismo sistema, sin demasiada interferencia externa.

No es que la ciudad no tenga problemas, desafíos o tensiones. Es que rara vez aparecen en superficie como hechos públicos de relevancia. Todo parece cuidadosamente encuadrado en una narrativa de gestión continua, donde el principal conflicto es decidir en qué barrio se corta el pasto primero.

Mientras tanto, la sensación de agenda planchada se vuelve casi una estética. Una ciudad que funciona, sí, pero que difícilmente sorprende. Una ciudad donde la novedad más fuerte suele ser que “todo sigue igual”, dicho con tono de logro.

Tal vez el problema no sea la falta de noticias. Tal vez el problema sea que la vara de lo noticiable quedó tan baja, que cualquier trámite administrativo con foto oficial ya alcanza para ocupar el centro de la escena.

Te puede interesar