Un 18 de septiembre de 1924 se fundó la Biblioteca Argentina para Ciegos (BAC), una institución pionera en el acceso a la cultura, la educación y la lectura para las personas ciegas en nuestro país. Su creación marcó un antes y un después en la inclusión, dando respuesta a una necesidad urgente: poner libros en sistema Braille al alcance de quienes no podían acceder a la letra impresa.
Primeros antecedentes
Los orígenes se remontan al año 1884, cuando llegaron a Buenos Aires los primeros libros en Braille: un manual de geometría y un texto de lectura escolar, enviados desde París por Ana M. del Campillo de Perdriel. Aquellos materiales estaban destinados a los niños ciegos de la Casa de Niños Expósitos.
Cuando esos alumnos fueron trasladados al Asilo de Huérfanos, el director Bernabé Ferreira impulsó la creación de una sección especial para su educación. Poco después, en 1887, arribó desde España el maestro ciego Juan Lorenzo González, pedagogo formado en Santiago de Compostela. La Sociedad de Beneficencia lo nombró primer profesor de la escuela para ciegos con asiento en ese asilo, donde enseñaba lectura, escritura, aritmética y manualidades.
La educación para personas ciegas siguió expandiéndose y, en 1902, se creó el Instituto para Ciegos de ambos sexos. Seis años más tarde pasó a llamarse Instituto Nacional de Ciegos, consolidándose como espacio oficial de formación.
La fundación de la BAC
En la década de 1920, Julián Baquero y el doctor Agustín C. Rebuffo comenzaron a impulsar la creación de una biblioteca especializada. Su objetivo era claro: ofrecer libros en Braille y promover la integración cultural de las personas ciegas.
El 18 de septiembre de 1924 se concretó la fundación de la Biblioteca Argentina para Ciegos. La reunión tuvo lugar en la casa del Dr. Rebuffo, en la calle Rivadavia 1038. Participaron también Alberto Larrán de Vere y María C. Marchi, esta última ciega. Allí se aprobaron los estatutos y se estableció el lema que aún guía a la institución: “Ayuda a todo ciego en toda forma.”
Primeros pasos y apoyos
El primer local de la BAC funcionó en el barrio de Flores, en la calle Pedernera 210, inaugurado el 13 de diciembre de 1925. Más tarde se trasladó a Pedernera 502. Desde un inicio, la institución contó con el apoyo de artistas plásticos como Raquel Forner, Pío Collivadino e Ítalo Baffi, además de la poeta ciega Vicenta Castro Cambón.
En 1926, se incorporaron materiales fundamentales: pizarras para escritura en Braille, un piano, una imprenta Braille y talleres de formación. También se organizaron actividades culturales y clases para pacientes hospitalizados, reforzando la misión social de la biblioteca.
El edificio propio en Almagro
El crecimiento de la BAC llevó a proyectar una sede definitiva. En noviembre de 1929 se colocó la piedra fundamental del edificio en el barrio de Almagro, en la esquina de Medrano y Lezica.
La mudanza se realizó en 1932 y el edificio fue inaugurado oficialmente el 24 de junio de 1933. La inauguración incluyó una semana entera de actividades: exposiciones, conciertos y conferencias. Para entonces, la biblioteca ya contaba con unos 5.000 volúmenes en Braille, consolidándose como un faro cultural para la comunidad ciega de todo el país.
Un legado vivo
La Biblioteca Argentina para Ciegos no solo fue un espacio para acceder a la lectura, sino también un lugar de encuentro, formación y producción cultural. Desde sus inicios hasta la actualidad, sigue siendo una institución clave para garantizar derechos y abrir caminos hacia la inclusión.
A cien años de su fundación, su lema mantiene plena vigencia: “Ayuda a todo ciego en toda forma.”

