El Festival de Peñas de Villa María late cada verano al ritmo de su historia y de su gente. Nacido hacia el final de la década del sesenta, este encuentro musical dejó de ser una simple reunión artística para convertirse en un hecho cultural profundo, íntimamente ligado a la identidad de la ciudad a orillas del río Ctalamochita.
Desde sus primeras peñas, la música fue un espacio de encuentro comunitario donde no existía distancia entre artistas y público, sino ronda, escucha compartida y pertenencia.
En aquellos comienzos, el folklore ocupó un lugar central y fundacional. Por sus escenarios pasaron figuras clave de la música popular argentina que ayudaron a consolidar el prestigio del festival y a darle sentido colectivo.
Los Chalchaleros, Los Cantores del Alba, Horacio Guarany y Hernán Figueroa Reyes marcaron una época con canciones que aún hoy forman parte de la memoria viva de la ciudad. La zamba dedicada a Villa María por Figueroa Reyes terminó de unir música, paisaje y sentimiento popular.
El Anfiteatro Municipal que lleva el nombre de Hernán Figueroa Reyes sintetiza ese legado. No es solo un espacio físico, sino un símbolo donde la ciudad se reconoce a sí misma. Allí confluyen distintas generaciones que se encuentran para escuchar, recordar y transmitir una historia que se renueva año tras año, con el río como testigo silencioso de cada edición.
Con el paso del tiempo, el Festival de Peñas creció y se transformó. De un encuentro local pasó a consolidarse como un evento de alcance nacional y luego internacional. Ese proceso implicó cambios y debates, pero nunca significó un quiebre con sus raíces. El folklore dejó de ser la única voz, aunque conservó su lugar central, mientras se incorporaban nuevas expresiones musicales acordes a cada época.
La apertura del festival permitió la llegada de artistas de gran proyección en América Latina y el mundo. El escenario de Villa María recibió a figuras como Mercedes Sosa, Joaquín Sabina, Juan Luis Guerra, Ricky Martin, Alejandro Sanz, Chayanne, Raphael y Marco Antonio Solís, ampliando horizontes y proyectando el nombre de la ciudad más allá de las fronteras, sin borrar su origen popular.
En paralelo, la grilla fue integrando géneros diversos que dialogan con nuevas generaciones. Pop, rock, cuarteto, cumbia y música urbana conviven hoy con el folklore tradicional. Artistas consagrados y emergentes comparten escenario, mientras el festival sostiene un espacio para músicos locales, reafirmando su compromiso con la cultura propia y el desarrollo artístico de la región.
Hoy, el Festival de Peñas de Villa María es tradición y presente a la vez. Es memoria colectiva y celebración actual. Es la peña íntima y el gran escenario. Es la música como puente entre generaciones. Cada verano, la ciudad no celebra solo un espectáculo, sino su capacidad de encontrarse, reconocerse y proyectarse al mundo sin renegar de sus raíces.

