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¿La sociedad se volvió impaciente o los políticos prometen demasiado? El dilema que atraviesa a América Latina

Cada vez más presidentes llegan al poder con la promesa de cambiarlo todo, pero en pocos meses enfrentan un desgaste acelerado. ¿El problema son los gobiernos o una ciudadanía que ya no está dispuesta a esperar?

En América Latina parece haberse instalado una nueva regla: ganar una elección ya no garantiza gobernabilidad. Los presidentes asumen con enormes expectativas sobre sus espaldas y, casi de inmediato, empiezan a ser juzgados por resultados que muchas veces son imposibles de conseguir en tan poco tiempo.

La vieja «luna de miel» entre los gobiernos y la sociedad prácticamente desapareció. Hoy el respaldo dura semanas, no años. Un error, una promesa incumplida o un indicador económico negativo pueden hacer tambalear el apoyo que las urnas les dieron pocos meses antes.

Pero la pregunta de fondo es incómoda: ¿los ciudadanos se volvieron demasiado impacientes o los dirigentes siguen prometiendo cambios que saben que no podrán cumplir?

Una región cada vez más dividida

Los últimos procesos electorales muestran una constante. Los presidentes llegan al poder con sociedades partidas, partidos debilitados y liderazgos cada vez más personalistas.

Muchos ganan más por el rechazo que genera su rival que por un respaldo contundente a sus propias propuestas. Eso deja gobiernos con poca capacidad para construir consensos y ciudadanos que exigen respuestas inmediatas.

Argentina, un caso que rompe parcialmente la regla

El gobierno de Javier Milei también enfrenta ese escenario. Llegó con una estructura política limitada y sin una amplia base legislativa propia.

Sin embargo, mantiene un nivel de respaldo que otros mandatarios de la región perdieron rápidamente. Incluso, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella mostró una recuperación del 3,9% tras seis meses consecutivos de descenso.

Para algunos, la explicación está en la desaceleración de la inflación y en la expectativa de una recuperación económica. Para otros, la paciencia social también tiene un límite y ese respaldo dependerá de que las mejoras lleguen al bolsillo.

La pregunta que divide

Mientras unos sostienen que ningún gobierno puede resolver problemas históricos en pocos meses, otros creen que quien promete transformaciones profundas debe responder con resultados rápidos.

Lo cierto es que la paciencia parece ser un recurso cada vez más escaso en la política latinoamericana.

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