El Mensajero
Opinión

Cuando la fe necesita una multitud

Por Eva Pathenay

Francia y España mostraron dos maneras de recibir a León XIV. Argentina podría ofrecer una tercera: la de una religiosidad popular que no necesita demasiada escenografía.

En Francia, el Papa se encontró con unos 80.000 jóvenes en el Stade de France. Hubo música, una representación sobre santos y figuras de la historia religiosa del país, una puesta en escena con caballos y soldados y hasta fuegos artificiales. La jornada combinó oración, espectáculo y cultura en uno de los escenarios más grandes de Francia.

No es un detalle menor.

La Iglesia contemporánea también debe aprender a hablar en el lenguaje de una sociedad atravesada por el espectáculo, las imágenes, las redes sociales y las grandes concentraciones.

La religión ya no ocupa por sí sola el centro de la escena pública. Comparte ese espacio con la política, los medios, los artistas, las redes y otras instituciones capaces de producir símbolos y sentidos.

Émile Durkheim observó hace más de un siglo la fuerza que adquieren las personas cuando se reúnen alrededor de símbolos compartidos. Lo llamó “efervescencia colectiva”: esos momentos en los que la experiencia de estar juntos puede generar una energía emocional que supera la experiencia individual.

No se trata solamente de sumar personas.

Una multitud puede producir un sentimiento de pertenencia. Puede convertir a individuos dispersos en un “nosotros”. Y la religión, para Durkheim, fue precisamente uno de los espacios privilegiados para observar cómo los símbolos compartidos podían construir una experiencia colectiva. Quizás eso explique parte de la potencia de estos recibimientos.

Pero Pierre Bourdieu permite formular otra pregunta: ¿qué lugar ocupa hoy la Iglesia en una sociedad donde comparte la producción de sentidos con los medios, la política, las redes, los artistas y otras instituciones?

Su concepto de campo religioso permite pensar la religión no como un espacio aislado, sino como un ámbito en el que distintos actores disputan legitimidad, autoridad y capacidad para producir significados. En ese escenario, un Papa en un estadio no es solamente un Papa.También es una institución que vuelve a ocupar el espacio público.

Argentina puede ser diferente

Nuestro país tiene una particularidad: la relación con lo religioso no pasa necesariamente por la práctica institucional.

Puede pasar por una abuela que enseñó una oración, por una promesa hecha en un momento difícil, por una imagen de la Virgen en una casa, por una peregrinación, por una fiesta patronal o por una caminata de decenas de kilómetros hasta Luján.

La religiosidad popular argentina tiene esa capacidad de mezclar generaciones, historias familiares y experiencias personales.

El sociólogo y antropólogo Pablo Semán dedicó buena parte de sus investigaciones a comprender justamente ese fenómeno. En Vivir la fe, estudió durante años las experiencias religiosas de católicos y pentecostales de un barrio del conurbano bonaerense.

Su trabajo cuestiona una idea bastante extendida: que la religiosidad popular puede entenderse simplemente desde las instituciones religiosas.

Semán encontró un campo religioso poroso, atravesado también por la política, la cultura, las experiencias familiares, los medios y los consumos culturales. La fe, en esa mirada, no aparece encerrada en el templo: forma parte de la vida cotidiana y puede mezclarse con otras experiencias. Ese aporte resulta especialmente interesante para pensar la llegada de León XIV.

Porque en Argentina no necesariamente se encontrarán solamente quienes participan activamente de la Iglesia. Puede haber católicos practicantes, personas alejadas de las instituciones religiosas, creyentes que viven su fe de manera privada, familias que conservan tradiciones religiosas y también personas que se acerquen al Papa por lo que representa después de Francisco.

La multitud, entonces, puede ser mucho más heterogénea que religiosa en sentido estricto.Y allí aparece una diferencia posible respecto de los grandes escenarios europeos.

Francia y España mostraron la capacidad de construir grandes acontecimientos públicos alrededor de la figura del Papa. Argentina podría mostrar otra cosa: la capacidad de una cultura religiosa popular para sacar la fe a la calle sin que todos los que participan necesariamente compartan la misma manera de creer. No sería una multitud homogénea. Sería una multitud atravesada por historias diferentes.

Después de Francisco

Hay, además, una particularidad que ninguna otra visita puede reproducir. León XIV llegará a una Argentina que todavía tiene presente la figura de Francisco.

El primer Papa argentino dejó una marca que excedió ampliamente a la Iglesia Católica. Su figura atravesó discusiones políticas, debates sociales, encuentros con dirigentes, organizaciones populares y millones de personas que encontraron en él una referencia más allá de su pertenencia religiosa.

León XIV llegará, entonces, después de Francisco. Y esa comparación estará inevitablemente presente, aunque no sea el objetivo de la visita. La pregunta interesante no será solamente qué diferencia habrá entre ambos, será qué hará la sociedad argentina con la llegada de un nuevo Papa.

Porque una visita papal puede ser organizada con escenarios, pantallas, protocolos, seguridad y una enorme infraestructura, pero la experiencia colectiva no se fabrica completamente desde arriba.

Hay una parte que ocurre en la calle, en las familias, en los barrios, en las peregrinaciones, en quienes deciden caminar kilómetros para llegar a un santuario y quizás allí esté la verdadera particularidad argentina. La reciente peregrinación a Luján volvió a mostrar esa capacidad de movilización y el peso que conserva la religiosidad popular en nuestro país.

León XIV llegará a la Argentina en noviembre y su visita incluirá Buenos Aires, Córdoba y Luján, quizás la pregunta más interesante no sea cuántas personas irán a recibirlo, tampoco si la Argentina podrá construir un espectáculo comparable al de otros países. La pregunta podría ser otra.

¿Qué Argentina aparece cuando miles de personas, diferentes entre sí, deciden reunirse alrededor de un mismo símbolo?

Tal vez allí esté la escena que valga la pena mirar, no solamente al Papa sino a la multitud y dentro de esa multitud, a nosotros mismos.

 

Súmate a nuestro canal de whatsapp

https://whatsapp.com/channel/0029VaHmbGaLI8YVRZZgwU1i

 

Te puede interesar