La percepción del color es un fenómeno complejo que depende de cómo los ojos y el cerebro procesan la luz. En los humanos, la visión del color se basa en tres tipos de fotorreceptores llamados conos, que detectan diferentes longitudes de onda correspondientes a los colores rojo, verde y azul. La mayoría de las personas somos tricrómatas y esto nos permite distinguir una amplia gama de tonalidades. Sin embargo, no todos los humanos ven igual; por ejemplo, quienes tienen daltonismo perciben menos colores y otros, como las personas tetracrómatas, pueden llegar a distinguir hasta 100 millones de tonos diferentes.
Cuando miramos a otras especies, la diversidad se vuelve aún más extensa. La mayoría de los mamíferos no primates, como perros, gatos y zorros, poseen visión dicromática, es decir, tienen solo dos tipos de conos y, por ende, perciben menos colores que los humanos. Por ejemplo, los perros distinguen bien el azul y el amarillo, pero tienen dificultades para diferenciar el rojo y el verde. De hecho, una creencia popular equivocada es que el color rojo molesta a los toros, aunque al ser dicromáticos no perciben este color como nosotros.
Algunos mamíferos marinos presentan adaptaciones extremas, con visión monocromática o incluso ausencia de conos, como es el caso de ciertas ballenas que ven el mundo en blanco y negro, una adaptación a la oscuridad de las profundidades oceánicas.
Por otro lado, muchas aves, insectos y peces tienen sistemas visuales más complejos. Algunos insectos, como abejas y mariposas, pueden detectar luz ultravioleta, un color invisible para los humanos, ya que sus ojos contienen conos especializados para este rango. El camarón mantis es un ejemplo máximo de diversidad visual, con más de doce tipos diferentes de pigmentos visuales, aunque debido a la complejidad cerebral, su capacidad para discriminar colores es limitada en comparación con la humana.
La profesora Miren Bego Urrutia Barandika, especialista en fisiología animal de la Universidad del País Vasco, explica que «la capacidad de ver y distinguir colores no es universal: algunos animales no los ven, otros distinguen un número variable de ellos y muchos perciben colores para los que los humanos somos ciegos. ¡Un maravilloso ejemplo de diversidad!»
Este conocimiento no solo nos ayuda a entender mejor la naturaleza, sino que también abre caminos para desarrollar tecnologías que simulen estas visiones, como la grabación de vídeos que reproducen la percepción ultravioleta o policromática de ciertos animales.
En conclusión, la forma en que los animales ven el mundo es tan distinta y fascinante como la biodiversidad que habita nuestro planeta, mostrando que la visión del color es una experiencia pluriversal y enriquecedora.

