Un día como hoy, el 4 de noviembre de 1967, Racing Club de Avellaneda escribió una de las páginas más gloriosas del fútbol argentino. En el mítico estadio Centenario de Montevideo, el equipo dirigido por Juan José Pizzuti venció al Celtic de Escocia y se consagró campeón de la Copa Intercontinental, convirtiéndose en el primer club argentino en alcanzar el título mundial de clubes.
La serie había comenzado semanas antes y estuvo cargada de tensión, viajes largos y un ambiente competitivo que reflejaba la pasión de dos estilos muy distintos de entender el fútbol. En el primer encuentro, disputado el 18 de octubre en Glasgow, el Celtic se impuso por la mínima diferencia. Una semana después, el primero de noviembre en Avellaneda, Racing logró empatar la serie con un triunfo por dos a uno ante su gente, en un Cilindro repleto de banderas celestes y blancas.
La igualdad en puntos llevó a la organización a fijar un tercer y decisivo encuentro en campo neutral. Así, el 4 de noviembre el fútbol sudamericano se trasladó a Montevideo. En un clima de enorme expectativa y con más de sesenta mil espectadores en las tribunas del Centenario, Racing y Celtic salieron a definir quién sería el mejor equipo del planeta.
El partido fue áspero y disputado, con un nivel de intensidad que reflejaba el carácter de ambas escuadras. Hasta que, a los 56 minutos, Juan Carlos Cárdenas recibió la pelota fuera del área y, con un derechazo inolvidable, la clavó en el ángulo. Ese gol, que viajó directo a la historia, fue suficiente para sellar el uno a cero definitivo y darle a Racing un título eterno: campeón del mundo.
La formación que representó al fútbol argentino aquella tarde estuvo compuesta por Agustín Cejas en el arco; Oscar Martín, Alfio Basile, Roberto Perfumo y Rubén Díaz en defensa; Miguel Mori y Juan Rulli en el mediocampo; Norberto Raffo, Humberto Maschio, Juan José Rodríguez y Juan Carlos Cárdenas en la delantera. El técnico fue Juan José Pizzuti, líder de una generación que había conquistado la Copa Libertadores ese mismo año.
La victoria fue más que un logro deportivo. Para Racing significó el cierre de un ciclo brillante que lo llevó a la cima del fútbol mundial y que marcó a una generación de hinchas. Para el fútbol argentino, fue una señal de que los clubes del país podían competir de igual a igual con los grandes europeos y vencerlos con coraje, talento y convicción.
El regreso del plantel a Buenos Aires fue una fiesta. Miles de personas recibieron al equipo con banderas, flores y lágrimas de emoción. Aquella conquista no solo dio prestigio internacional a Racing, sino que también fortaleció la identidad de todo el fútbol argentino en el mapa mundial.
A más de medio siglo de aquella tarde en Montevideo, la imagen de Cárdenas levantando los brazos tras el gol sigue viva en la memoria colectiva. Racing, el primer campeón del mundo del país, convirtió el cuatro de noviembre en un día sagrado para su historia y para el orgullo deportivo argentino.

