La frase “¡Atento, Fioravanti!” se clavó en el aire de las radios argentinas y se volvió sinónimo de emoción deportiva. Cada vez que la escuchaban los oyentes, sabían: algo grande estaba por suceder en la cancha, y más aún, estaban a punto de vivirlo de la mano de Joaquín Carballo Serantes —mejor conocido por su seudónimo “Fioravanti”. Esta expresión resaltó la presencia de un narrador que entendía el relato como una forma de arte y no sólo un oficio.
Nacido el 5 de noviembre de 1911 en Montevideo, Uruguay, y radicado desde niño en Santa Fe, Argentina, Fioravanti encontró en la radio el escenario ideal para desplegar su pasión por el fútbol y el lenguaje. Su trayectoria en prensa local dio pronto el salto a Buenos Aires, donde en 1941 comenzó a trabajar en la emisora Radio Splendid.
Lo que lo diferenciaba del resto no era sólo su voz o su tiempo para gritar un gol. Era su mirada sobre el relato deportivo: “Más que un relator, soy un narrador”, afirmaba. Esa frase lo definía: no se limitaba a cronometrar jugadas sino a construir imágenes en la mente de quien lo escuchaba, a otorgar significado a lo que ocurría en la cancha.
En los años cincuenta y sesenta se consolidó como uno de los grandes de la radio argentina, trabajando en emisoras como Radio El Mundo y compitiendo por la atención de los oyentes en una época en la que la radio era el corazón del fútbol. Sus trasmisiones tenían un ritmo propio, una mezcla de expectativa, descripciones precisas y ese “atento” que era preludio de gol o de jugada que quedaba para la memoria colectiva.
La formación teatral que tuvo en su juventud le permitió añadir elegancia al relato sin caer en la exclamación gratuita. La cultura general que poseía le dio vocabulario y matices, mientras se mantenía cercano al público: profundo en el fondo, sin perder la calidez de quien habla de lo que ama.
Llegó a lo más alto del relato cuando, ya con un estilo maduro, sus voces dominaban los grandes partidos dominicales. Los oyentes de todo el país, desde distintos rincones, esperaban su grito de gol con la misma intensidad que seguían la pelota. Y con el transcurso de los años, su nombre dejó de ser sólo un emisor para convertirse en símbolo de una era de la radio.
Fioravanti falleció el 30 de noviembre de 1989, pero su legado permanece intacto. Cada vez que alguien dice “¡Atento…!”, de una manera u otra evocamos esa voz que convirtió goles en relatos, momentos en memoria, y oyentes en testigos de la historia.
Su frase, su estilo y su forma de narrar siguen vigentes porque marcaron un antes y un después en la forma de contar el fútbol.

