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Sociedad

Análisis | La Argentina que se enferma y se cura en cada tanda televisiva

Por Luis Emanuel Cecchini

Hay un país paralelo que aparece cada vez que empieza la tanda en la televisión argentina. Un país donde todos, absolutamente todos, estamos rotos de algo.

Nos duele la cabeza, la cintura, la garganta, las articulaciones, la vida; tenemos acidez, flema, insomnio, varices, hemorroides, arrugas, tos, tos con flema, tos sin flema, “intimidad femenina alterada” y un estómago que parece vivir en huelga permanente.

Y, por suerte, para cada uno de esos males existe el remedio milagroso… al menos según los 40 segundos más recitados de la tele nacional.

Porque en la Argentina de la tanda, nadie está sano. Pero tampoco nadie se queda sin solución: hay píldoras, pomadas, gotitas, sprays, jarabes, cápsulas blandas, comprimidos efervescentes y hasta “tecnología de última generación” en forma de pastilla que promete que mañana vas a amanecer nuevo, como si fueras un celular recién reiniciado.

La escena es conocida: empieza el corte y de repente se abre un festival coreografiado de enfermedades cotidianas.

Arranca un publicista diciendo que “si la acidez no te deja vivir, probá esta maravilla”, y dos anuncios más tarde, cuando ya casi convenciste a tu estómago de portarse bien, aparece otro recordándote que quizás en realidad tu problema sean las hemorroides. Y ahí uno se pregunta: ¿cómo hicieron para saber tanto de mí?

Eso sí, siempre hay alguien sonriendo. Nunca un enfermo real. Esas personas perfectas, peinadas como si la digestión fuera un deporte extremo, se aplican una crema para las articulaciones y automáticamente salen a correr una maratón de felicidad.

Con una pastilla para dormir caen rendidos como angelitos, sin celular, sin preocupaciones, sin inflación. Y con un jarabe para la tos quedan listos para cantar en el Colón. Todo muy verosímil.

La industria de la salud televisiva vive un momento de esplendor: vende soluciones rápidas, mágicas y sin necesidad de consultar a nadie que haya estudiado medicina. ¿Para qué pedir turno, si la tanda ya te diagnosticó y te recetó? El milagro de la automedicación se aprende en horario central.

Y detrás de tanta promesa hay un dato que incomoda: el bombardeo publicitario está normalizado. Nos acostumbramos a que cada dolor, molestia o imperfección tenga un producto esperando en la próxima tanda.

Y si no lo tenías, no te preocupes: la tele te lo inventa. ¿Arrugas? ¿Varices? ¿Flema pegada que parece más un conflicto existencial? Todo se cura con un “nuevo lanzamiento”.

Tal vez sería saludable —aunque sea un poco— preguntarnos si esta avalancha de remedios no refleja más un modelo cultural que un problema sanitario. Uno donde todo malestar debe ser solucionado ya, sin pausa, sin reflexión, sin consulta médica.

  1. Y mientras tanto, la publicidad sigue, feliz de recordarnos una y otra vez que, después de todo, somos un país con gran futuro… en ventas de antiácidos.

Por lo pronto, lo único seguro es que, si algo te duele, la tele tiene una pastilla para eso. Y si no te duele nada… esperá a la próxima tanda. Algo vas a descubrir.

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