En la jornada del martes 28 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Animación, una ocasión para visibilizar el arte que transforma el caos en movimiento y que conecta culturas, generaciones y emociones. Esta efeméride invita a detenernos un instante en la huella que dejan los autores que animan lo aparentemente estático y que, gracias a su ingenio, convierten el imaginario en imagen viva.
La fecha no fue elegida al azar: rememora la primera presentación pública del Théâtre Optique obra de Émile Reynaud en París el 28 de octubre de 1892, considerada una de las primeras experiencias de animación proyectada al público. A partir de ese momento, el arte de hacer que lo inmóvil cobre vida comenzó un trayecto que hoy se manifiesta en cientos de formas: cine, televisión, videojuegos, educación, publicidad y nuevas tecnologías.
La organización Association Internationale du Film d’Animation (ASIFA) instituyó la celebración como jornada global en 2002, convocando a países de todos los continentes a participar con proyecciones, talleres, exposiciones y festivales. En la Argentina y en Latinoamérica, este día también abre la puerta a debatir sobre la industria local, los desafíos del financiamiento, la profesionalización de los animadores y la visibilidad de producciones independientes.
Pero la animación no es solo entretenimiento. Es un lenguaje sin barreras que permite contar historias donde las palabras a veces no alcanzan. Puede ser vehículo de derechos humanos, herramienta educativa o forma de preservar culturas indígenas y lenguajes poco visibles. La variedad de técnicas —dibujos, plastilina, arena, objetos, computadora— demuestra que la creatividad no tiene un único formato.
Es un buen momento para que cada lector detenga su atención en alguna obra que lo haya marcado: un corto que emocionó, una serie que inspiró, o incluso una animación argentina que quizá pasó desapercibida. Celebrar este día tiene que ver tanto con mirar hacia atrás como con reconocer que el mañana de la animación se escribe con nuevas voces locales, tecnologías emergentes y audiencias que ya no solo consumen, sino que también producen.
Desde el interior de Córdoba, donde la producción cultural muchas veces se ve lejos de los grandes centros, este día adquiere un matiz particular: reconocer que también aquí puede germinar una idea animada, un estudio emergente, un taller comunitario que transforme la imaginación en movimiento visible.
La animación construye: diálogos que trascienden idioma y cultura, mundos que nacen de la nada y se sienten reales, y una industria que continúa reinventándose. Hoy se celebra el poder de dar vida a lo inanimado y de hacerlo con creatividad, técnica y corazón.

