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Sociedad

Día del Paludismo en las Américas: una fecha que expone desigualdades y pide más compromiso político

Cada 6 de noviembre se conmemora el Día del Paludismo en las Américas, una jornada que busca mantener viva la lucha contra una enfermedad que, lejos de ser solo un tema médico, refleja las profundas desigualdades sociales y la fragilidad de las políticas públicas en buena parte de la región.

El paludismo, o malaria, sigue golpeando a comunidades enteras donde la pobreza, el aislamiento y la falta de acceso a la salud crean el terreno perfecto para su expansión. Según la Organización Panamericana de la Salud, en 2023 se registraron más de medio millón de casos en América. Los focos más críticos se ubican en zonas rurales e indígenas de países como Venezuela, Brasil, Colombia y Perú, donde los sistemas sanitarios llegan con dificultad y la minería ilegal o los desplazamientos forzados agravan la situación.

Aunque el continente logró importantes avances en la última década, las crisis económicas y los conflictos sociales frenaron el progreso. Venezuela es el ejemplo más claro: tras haber sido declarada libre de malaria en los años sesenta, volvió a encabezar los registros de contagio por la falta de control estatal y el abandono de la salud pública. En otras naciones, los recortes presupuestarios y la desatención política también amenazan los programas de prevención.

La Organización Mundial de la Salud estima que en 2023 hubo más de 260 millones de casos en todo el planeta, con África concentrando la mayoría. América representa una porción menor, pero significativa: allí la enfermedad se mantiene como un recordatorio de que el acceso a la salud no es igual para todos.

El Día del Paludismo en las Américas no solo invita a reflexionar sobre los avances científicos o la distribución de mosquiteros. Es una fecha para pensar en los olvidados, en quienes viven lejos de los hospitales y en las políticas que muchas veces se anuncian pero no se sostienen. Porque combatir al mosquito es apenas una parte de la batalla; lo más difícil es enfrentar la indiferencia y la desigualdad que lo mantienen vivo.

En Argentina, aunque el paludismo no representa un problema grave, esta fecha permite mirar hacia el norte y aprender de las experiencias regionales. La prevención y la vigilancia sanitaria deben seguir siendo prioridad, especialmente en zonas fronterizas y rurales donde el mosquito puede reaparecer si se bajan los brazos.

Cada año, el 6 de noviembre recuerda que eliminar el paludismo no depende solo de laboratorios o campañas aisladas. Depende de decisiones políticas, de presupuestos sostenidos y de una convicción real de que la salud no es un privilegio, sino un derecho.

El desafío sigue siendo el mismo: construir un continente donde ninguna persona muera por una enfermedad prevenible. Donde la justicia sanitaria deje de ser una promesa y se convierta en un hecho.

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