La elección de Marcos Juárez dejó una señal política que excede los límites de esa ciudad. Germán Font se impuso con más del 45% de los votos y puso fin a 12 años de gobiernos vinculados a Juntos por el Cambio. El resultado también significó el regreso del peronismo al Ejecutivo municipal después de 53 años.
Font llegó desde Generación MJ, un espacio vecinalista alineado con el oficialismo provincial. Su triunfo muestra que el peronismo cordobés no necesita presentarse con una estructura partidaria tradicional para recuperar territorios: puede hacerlo mediante acuerdos locales, dirigentes municipales y una construcción más amplia.
El dato adquiere mayor relevancia porque Marcos Juárez fue durante años un bastión del voto opositor al peronismo y una referencia electoral de Juntos por el Cambio en Córdoba. La derrota de Pedro Dellarossa, que quedó cerca del 20%, muestra además la dificultad de ese espacio para conservar el control municipal.
La construcción desde los municipios
En ese escenario aparece otro movimiento que merece atención. Eduardo Accastello felicitó a Font inmediatamente después de la elección y, casi en simultáneo, avanzó en un encuentro político e institucional con el intendente de Río Cuarto, Guillermo De Rivas. La agenda incluyó políticas públicas y empleo joven, pero también dejó una fotografía política difícil de ignorar.
¿Accastello está intentando construir una red de intendentes del interior?. No se trata solamente de mantener buenas relaciones institucionales: la sucesión de encuentros, felicitaciones y gestos públicos puede convertirse en una estructura territorial con peso propio de cara a 2027. El trabajo que el intendente de Villa María viene llevando adelante mediante el EnRed también parece ir por ese camino.
Y ahí aparece una de las claves de la próxima elección provincial. El peronismo cordobés sabe que el escenario de 2027 será diferente al de elecciones anteriores. El contexto obliga al oficialismo provincial a conservar el voto propio, pero también a ampliar su capacidad de acuerdo. En ese contexto, los intendentes pueden convertirse en una pieza central de la estrategia electoral.
La experiencia de Hacemos Unidos por Córdoba ya demostró que el peronismo provincial tiene capacidad para construir alianzas que exceden al PJ tradicional. Ahora podría profundizar esa lógica desde abajo: intendentes, vecinalistas, dirigentes territoriales y sectores políticos que compartan una agenda regional y provincial, aunque no tengan una misma identidad partidaria.
Lo interesante es que todavía falta mucho para definir candidaturas, pero la competencia por el poder ya comenzó. Llaryora necesita llegar a 2027 con una estructura territorial sólida para defender la continuidad de su espacio. Accastello, por su parte, parece decidido a ocupar un lugar relevante en esa discusión y a fortalecer vínculos con intendentes del interior.Río Cuarto y Villa María pueden convertirse en dos nodos importantes de esa construcción.

