El Mensajero
Sociedad

El silencio como resistencia en tiempos de ruido constante

Vivimos en una época donde el ruido no es solo sonoro, sino también simbólico: redes sociales saturadas de opiniones, medios que lanzan noticias a toda velocidad y dispositivos que interrumpen incluso cuando no los miramos. En este escenario, el silencio aparece como una rareza, casi una amenaza. Pero ¿y si en lugar de temerlo, empezáramos a escucharlo?

El silencio no siempre es vacío. Muchas veces contiene más palabras de las que podrían pronunciarse en voz alta. Es el espacio donde habita lo no dicho, lo que aún no encuentra nombre. “En el silencio aparecen verdades que el lenguaje todavía no aprendió a nombrar”, explica la psicóloga y docente Silvina Fernández, quien trabaja con adolescentes en contextos de alta exposición digital. “Cuando todo alrededor estimula, el silencio puede parecer incómodo, pero también es un acto de cuidado.”

Desde la sociología, el silencio también puede interpretarse como un gesto político. “El silencio puede ser resistencia frente a la saturación de discursos que nos alienan”, señala el sociólogo Mariano Delgado. “Hoy se nos exige opinar todo el tiempo, tener presencia constante. Pero a veces no decir es un modo de sostener una subjetividad crítica.”

Volver al silencio no implica desconectarse del mundo, sino hacerlo de manera consciente para reconectar con lo esencial: los vínculos reales, el cuerpo, el tiempo sin prisa, la palabra no mediada por la inmediatez. En un contexto como el argentino, atravesado por la incertidumbre económica, política y social, recuperar el silencio como espacio de pensamiento puede ser una forma de resistir el agobio y fortalecer la propia voz.

El silencio no es ausencia. Es presencia plena. Es el lugar donde el yo se encuentra sin filtros, donde se respira la verdad. Tal vez, como recordaba Galeano, es allí donde el alma empieza a hablar.

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