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El último adiós a Miguel Ángel Russo: el maestro que unió al fútbol argentino

El fútbol argentino volvió a reunirse en una misma emoción. Este jueves, en el hall central de La Bombonera, miles de personas se acercaron para despedir a Miguel Ángel Russo, un hombre que, más allá de los títulos, dejó una huella de respeto, humildad y humanidad.

Hinchas, jugadores, entrenadores y dirigentes de distintos clubes coincidieron en el mismo sentimiento: Russo fue un ejemplo. Las banderas de Boca, Rosario Central, Estudiantes de La Plata y Millonarios de Colombia flamearon una al lado de la otra, recordando que su figura trascendió toda rivalidad.

Desde temprano, largas filas rodearon el estadio. Los cánticos se mezclaron con el silencio y las lágrimas. El dolor no distinguió camisetas. Entre los presentes se pudo ver a exjugadores, referentes históricos, dirigentes y técnicos que compartieron momentos con Miguel.

Rosario Central, club al que Russo consideraba su casa, también dijo presente. El presidente Gonzalo Belloso encabezó la delegación junto a Ángel Di María, Nacho Malcorra, Facundo Mallo y Agustín Sández. No fueron por compromiso: fueron por amor y gratitud. “Miguel fue más que un entrenador. Fue un padre futbolístico. Nos enseñó a ser mejores dentro y fuera de la cancha”, expresó Belloso visiblemente emocionado.

El cariño también llegó desde Colombia. En Bogotá, la sede de Millonarios amaneció con flores, banderas y mensajes de despedida. “Gracias, profe, por su humildad y por enseñarnos a creer”, decía uno de los carteles colgados en la puerta del estadio El Campín. Jugadores como Juan Fernando Quintero, Jaminton Campaz y Andrés Cadavid lo recordaron en redes con palabras llenas de afecto. “Usted nos enseñó a jugar con el corazón, pero sobre todo, a ser personas”, escribió Campaz.

Uno de los testimonios que más conmovió fue el de Juan Román Riquelme, quien mantuvo con Russo una relación de amistad y respeto que trascendió lo futbolístico. Según contaron desde su entorno, en los últimos meses de 2025, cuando Miguel fue convocado para colaborar nuevamente con Boca, le confesó a Román que su salud no estaba bien. “Estoy complicado, pero si vuelvo, que sea en casa”, habría dicho. Ese diálogo íntimo, revelado por allegados al club, muestra el vínculo profundo entre ambos: el de un entrenador y un amigo que se entendían sin palabras.

Durante el velorio, las muestras de cariño se multiplicaron. Carlos Tévez, hoy técnico de Independiente, se acercó en silencio y luego expresó: “Miguel fue uno de los grandes. Me enseñó a valorar las pequeñas cosas. Siempre decía que el fútbol se gana con respeto, no con soberbia”. También dejaron su mensaje figuras como Guillermo Barros Schelotto, Ricardo Gareca, Marcelo Gallardo y Néstor Gorosito, todos con una coincidencia: Russo fue, ante todo, una buena persona.

Los hinchas también fueron protagonistas de esta despedida. Un simpatizante de Rosario Central, llegado desde Santa Fe, lo resumió con una frase sencilla: “Nos enseñó a creer cuando nadie creía”. Una pareja de Boca lo recordó de otra manera: “Russo no gritaba, te hablaba bajito, pero te hacía entender todo. Por eso todos lo querían”.

El respeto fue absoluto. Durante las horas del velorio, no hubo cánticos ni estridencias. Solo aplausos cada vez que su nombre se pronunciaba. La imagen de su esposa, tomada de su mano en los últimos momentos, fue compartida por sus allegados como símbolo de la serenidad con la que se despidió.

Su último deseo también fue un gesto de amor eterno: que parte de sus cenizas sean esparcidas en el campo de juego del Gigante de Arroyito, el estadio de Rosario Central. Así lo confirmó Belloso, quien anunció que el homenaje se realizará junto a los hinchas canallas. Será un adiós cargado de sentimiento, donde las lágrimas se mezclarán con los aplausos y la gratitud.

Miguel Ángel Russo se fue como vivió: con discreción, con respeto, con el corazón lleno de fútbol. No fue solo un técnico exitoso; fue un maestro de la vida, un hombre que supo enseñar sin levantar la voz y que, con gestos simples, dejó una huella imborrable en el alma del deporte argentino.

Su legado queda en cada vestuario, en cada abrazo sincero, en cada hincha que lo despide con una lágrima y una sonrisa. Porque si algo demostró Russo, es que el fútbol también puede ser un lugar de afecto, nobleza y humanidad.

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