Ciudad de México. La política comercial impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner bajo presión al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el principal acuerdo económico de América del Norte, que articula el comercio de un mercado integrado por casi 500 millones de habitantes. Mientras delegaciones de Washington y Ciudad de México iniciaron una nueva ronda de negociaciones para revisar el pacto, Canadá quedó al margen de esta instancia y continuó las conversaciones con Estados Unidos en una negociación bilateral marcada por el renovado conflicto arancelario.
Las conversaciones comenzaron en la capital mexicana con el objetivo de evaluar distintos aspectos del acuerdo que regula el intercambio comercial entre las tres principales economías de América del Norte. Sin embargo, la decisión de Estados Unidos de mantener negociaciones por separado con sus socios volvió a generar incertidumbre sobre el futuro del bloque y el alcance que podrían tener las modificaciones que surjan de este proceso.
En paralelo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, y Donald Trump acordaron intensificar las conversaciones bilaterales durante las próximas semanas, luego de que la administración estadounidense dispusiera un aumento unilateral de aranceles sobre productos canadienses. La medida reavivó las tensiones comerciales entre ambos países y abrió una nueva etapa de negociaciones.
La revisión del T-MEC se produce en un contexto de creciente incertidumbre para sectores estratégicos de la economía regional. Industrias como la automotriz, la manufacturera y la agroalimentaria dependen de cadenas de producción integradas entre México, Estados Unidos y Canadá, por lo que cualquier modificación de las reglas comerciales podría repercutir en las inversiones, las exportaciones y el empleo.
Aunque el tratado continúa vigente, las negociaciones reflejan un escenario de mayor presión política y económica dentro de América del Norte. Los avances que surjan en las próximas semanas serán observados de cerca por gobiernos, empresas e inversores, ya que podrían redefinir el equilibrio comercial de América del Norte y marcar el rumbo de las relaciones económicas entre los tres países en los próximos años.
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