Un estudio reciente analiza por qué muchas personas identifican la década de los 40 como una de las etapas de mayor desgaste físico y emocional.
La anatomista Michelle Spear señala que esta percepción no responde únicamente al paso del tiempo, sino a la combinación de cambios biológicos y un incremento de las responsabilidades cotidianas.
Los especialistas advierten que, desde los treinta años, puede comenzar una disminución progresiva de la masa muscular cuando no se sostiene una rutina de ejercicio.
A esto se suma un metabolismo más lento y posibles alteraciones en el descanso, factores que, junto a las exigencias laborales y familiares, profundizan la sensación de cansancio.
En el caso de las mujeres, la perimenopausia puede influir en la calidad del sueño y en el equilibrio hormonal. De manera general, también se observa una mayor vulnerabilidad al estrés, lo que impacta tanto en el rendimiento físico como en la estabilidad emocional.
Sin embargo, los expertos destacan que estos cambios no son inevitables ni definitivos. Incorporar actividad física regular, mantener una alimentación equilibrada y respetar horarios de descanso son medidas clave para reducir el agotamiento y mejorar la calidad de vida en esta etapa.
La investigación concluye que el objetivo no es recuperar la energía de los veinte años, sino adaptarse a una nueva dinámica vital que permita sostener el bienestar físico y mental a largo plazo.

