Cada día la ciencia confirma lo que ya intuíamos: los perros tienen la capacidad de detectar estrés en las personas a través del olfato. Esto refuerza la idea de que nuestras emociones no solo se perciben con la vista o el oído, sino también con nuestro olor.
¿Qué muestra la ciencia?
Un estudio realizado por la Queen’s University Belfast, publicado en PLOS ONE en 2022, mostró que los perros pueden distinguir entre olores humanos recogidos cuando una persona está en estado basal y después de someterse a una tarea estresante (como resolver problemas matemáticos).
Detalles del estudio:
Participaron 36 personas de las cuales se tomaron muestras de sudor y aliento antes y después de la tarea estresante.
También se midieron signos fisiológicos (aumento de ritmo cardíaco, presión arterial) para asegurarse de que las muestras correspondieran a un momento de estrés real.
Los perros (cuatro en total) lograron identificar los olores de estrés con una exactitud de aproximadamente 93-94 % cuando se les presentaban olores basales, olores de estrés y muestras en blanco.
Otro estudio de la University of Bristol en 2024 complementa la investigación: encontró que cuando los perros están expuestos al olor de estrés humano, no solo lo identifican, sino que su estado emocional se ve afectado (se vuelven más “pesimistas”, demoran más en acercarse a estímulos ambiguos).
¿Cómo se hizo?
Se recogieron muestras de sudor y aliento, sin necesidad de que los perros vean o escuchen a la persona, solo el olor.
Las personas realizaron una tarea matemática difícil para inducir estrés, y antes y después se tomaban las muestras.
Se aseguró que los cambios fisiológicos (presión arterial, ritmo cardíaco) confirmaran que realmente había estrés.
Para medir el efecto emocional en los perros, en el estudio de Bristol los investigadores usaron un protocolo de “sesgos cognitivos”: tras el entrenamiento, los perros debían decidir si ciertos estímulos nuevos tenían recompensa, y se observó que ante olores de estrés responden con mayor cautela (lo que se interpreta como “pesimismo”).
¿Por qué importa?
Porque muestra que los perros no solo reaccionan a gestos o palabras, sino que hay señales químicas involuntarias que emitimos cuando estamos estresados, y los perros las captan.
Tiene implicancias prácticas: en terapias asistidas, en perros guía o de servicio, podría aprovecharse esta sensibilidad para mejorar el apoyo emocional que brindan.
También plantea la necesidad de considerar cómo nuestro estrés nos afecta mutuamente, incluso con nuestras mascotas: si nosotros estamos angustiados, su bienestar también puede alterarse.
El hecho de que nuestros perros puedan oler nuestro estrés, incluso sin vernos o escucharnos, habla de una conexión profunda entre especies. Somos capaces, sin saberlo, de transmitir emociones que ellos perciben de forma muy real. Quizás reconocer esa capacidad nos ayude a ser más conscientes de nuestro propio estado emocional —no solo por nuestro bienestar, sino por el de quienes conviven con nosotros, con cuatro patas incluso.

