El Mensajero
Sociedad

Mariquita Sánchez de Thompson: una voz libre en los albores de la patria

Un primero de noviembre, en 1786, nacía en Buenos Aires una de las figuras más singulares y adelantadas de su tiempo: María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, más conocida como Mariquita Sánchez de Thompson. Su vida trascendió el papel doméstico que la sociedad colonial reservaba a las mujeres; fue anfitriona de debates, promotora de ideas emancipadoras y símbolo de un espíritu femenino que se animó a pensar por sí mismo en plena Revolución.

Hija de una familia acomodada, Mariquita creció en un ambiente donde la educación y las buenas costumbres eran privilegio de pocos. Sin embargo, su curiosidad y su carácter decidido la llevaron más lejos. Desde muy joven desafió las normas: quiso casarse por amor, algo que en la época era casi un escándalo. Su batalla contra la imposición familiar por el matrimonio fue uno de los primeros gestos públicos de rebeldía femenina en el Río de la Plata.

Pero su nombre quedaría ligado a una escena que forma parte del imaginario nacional. En su casa de la calle Florida, según la tradición, se interpretó por primera vez el Himno Nacional Argentino. Allí, en ese salón donde se mezclaban tertulias literarias, ideas políticas y acordes de guitarra, nacía también una forma de entender la patria: como un espacio de pensamiento, de arte y de libertad.

Mariquita no fue una simple espectadora de los hechos que moldearon la independencia. Su hogar se convirtió en punto de encuentro de intelectuales, políticos y diplomáticos. Con el tiempo, su pensamiento político se fue afirmando: simpatizó con el liberalismo moderado y con las ideas republicanas que agitaban las nuevas repúblicas americanas. Desde el exilio en Montevideo, y luego en París, mantuvo contacto con los grandes protagonistas de su tiempo, sin abandonar jamás su compromiso con la causa de la libertad.

Su correspondencia, que hoy es un tesoro histórico, revela una mente lúcida y crítica. Allí se percibe su desvelo por la educación, la situación de las mujeres y el destino de una Argentina que todavía buscaba definirse. Mariquita fue, antes que nada, una mujer consciente de su tiempo y de su poder para influir en él desde la palabra y la acción.

Murió en Buenos Aires en 1868, dejando tras de sí la huella de una vida intensa, atravesada por el pensamiento, la pasión y la historia. Su figura sigue siendo recordada no solo por aquella primera entonación del himno, sino por haber abierto un espacio de participación y libertad en los albores de la nación.

Mariquita Sánchez de Thompson no fue una heroína de espada ni de uniforme, sino de ideas. Su legado perdura como el eco de una voz que se atrevió a decir lo que muchas callaban: que la independencia empieza por pensar y que la patria también se construye desde la libertad de una mujer.

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