El Mensajero
NacionalesOpinión

Reescribir las reglas: la semana en que cambió el poder

Escribe: Gustavo Billarruel

No fue una semana más. Entre datos sociales que profundizan el deterioro, conflictos abiertos y señales de desgaste, el gobierno de Javier Milei avanzó sobre un terreno más sensible: las reglas del sistema político.

El anuncio de una reforma electoral —que propone eliminar las PASO, modificar el financiamiento de las campañas e incorporar la “ficha limpia”— no solo instaló el tema en la agenda, sino que corrió el centro de la discusión hacia una pregunta de fondo: cómo se construye el poder en la Argentina.

La iniciativa se presentó bajo un discurso conocido, que combina cuestionamientos a la política tradicional con promesas de austeridad y transparencia. Pero rápidamente el debate dejó de ser declarativo.

La eliminación de las primarias, planteada como un ahorro para la sociedad, abre interrogantes concretos sobre la participación y el modo en que se ordena la oferta electoral en un sistema donde las internas cumplen una función de equilibrio.

El núcleo del proyecto, sin embargo, está en otro punto. La modificación del financiamiento político, con menor intervención estatal y mayor apertura a aportes privados, introduce un cambio silencioso pero decisivo.

Allí se redefine quiénes pueden sostener una campaña, bajo qué condiciones y con qué niveles de influencia. No es solo un ajuste técnico: es una reconfiguración del acceso real a la competencia.

A medida que se conocieron los detalles, también apareció su impacto desigual. Las provincias, con autonomía electoral, deberán decidir si acompañan o no los cambios, lo que anticipa un escenario fragmentado y nuevas tensiones.

Lejos de ordenar el sistema, la reforma puede multiplicar las estrategias y abrir disputas en cada distrito.

La propuesta, además, no irrumpe en el vacío. Llega en una semana atravesada por reclamos universitarios, advertencias sobre el sistema de salud, conflictos laborales y decisiones judiciales que obligan al Estado a sostener políticas sociales.

En ese contexto, la discusión sobre las reglas electorales se integra a un proceso más amplio de redefinición del rol del Estado.

También comenzaron a aparecer señales hacia adentro del oficialismo. Algunas tensiones y diferencias dejan ver que el rumbo no está exento de incomodidades.

En ese marco, la reforma electoral funciona como algo más que una iniciativa legislativa: es una herramienta para ordenar, disciplinar y proyectar poder en un escenario donde la gestión empieza a encontrar límites más visibles.

La semana dejó, así, algo más que un proyecto en camino al Congreso. Expuso un cambio de escala en la disputa política. Cuando se modifican las reglas, se redefine quién puede competir, cómo y con qué herramientas.

Y en ese terreno, cada decisión deja marcas que trascienden cualquier coyuntura.

 

Súmate a nuestro canal de WhatsApp

https://whatsapp.com/channel/0029VaHmbGaLI8YVRZZgwU1i

 

Te puede interesar