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Sociedad

«Somos el grupo discriminado más grande”: Pacho O’Donnell y la nueva mirada sobre ser mayor

Pacho O’Donnell escritor, historiador y médico psicoanalista ha puesto en el centro de un debate muchas veces silenciado un asunto cotidiano pero profundo: qué significa envejecer en una sociedad que privilegia lo joven. Su ensayo La nueva vejez (Sudamericana), convertido ahora en una puesta teatral, expone con fuerza la idea de que los mayores constituyen “el grupo discriminado más grande de Argentina”. Más que una afirmación provocativa, es un espejo que invita a mirar cómo funcionan las estructuras sociales, culturales y económicas en relación con quienes han vivido más años.

Una experiencia personal que abre preguntas universales

O’Donnell admite que su interés no surge solo del intelecto o del corpus teórico, sino de una vivencia personal: hace unos años, a los 64, fue diagnosticado con insuficiencia cardíaca severa. Tuvo que incorporar en su vida la gimnasia, la disciplina física, los cuidados de salud con otra urgencia. Esa vivencia, en la cual el cuerpo se volvió zona visible de cambio y vulnerabilidad, lo llevó a explorar la vejez no como declive inevitable sino como una etapa con posibilidades —creativas, dinámicas, eróticas— que la sociedad a menudo no reconoce.

Para O’Donnell, lo más interesante fue advertir que los viejos suelen “perder contacto con sus posibilidades” porque la cultura dominante los invisibiliza o los reduce a estereotipos. El diagnóstico médico fue un punto de inflexión, pero el aprendizaje verdadero fue entender que la vejez puede vivirse de otro modo si uno toma el protagonismo.

La discriminación estructural hacia los mayores

O’Donnell no se queda en lo emocional ni en lo personal sino que extiende la reflexión hacia lo colectivo. Hace hincapié en que la sociedad está organizada en función de la juventud: la publicidad, las comunicaciones, el mercado. En ese marco:

Los mayores “no somos tenidos en cuenta” como posibles consumidores más allá de productos muy específicos (colágeno, movilidad, salud, etc.).

En los medios, raras veces se dirigen publicidades de autos, tecnología, viajes, productos de entretenimiento con el mayor como destinatario principal. La vejez aquí no está lateral; está excluida.

Las instituciones también reflejan este sesgo: jubilaciones, leyes, políticas sociales, acceso a salud, pero también representaciones culturales, espacios públicos, roles laborales. Hay una invisibilidad que va más allá de la soledad individual.

La nueva vejez como propuesta de resistencia

El libro de O’Donnell, y ahora su adaptación teatral, no buscan solo diagnosticar sino ofrecer alternativas simbólicas y prácticas. Una nueva vejez implicaría:

Reconocer a los mayores como sujetos plenos, con deseos, con derechos, con capacidad de creación y bienestar. Que no se trate solo de “sobrevivir”, sino de vivir con sentido.

Reimaginarnos culturales y socialmente: qué lugar se le da al mayor en los espacios públicos, en el entretenimiento, en las decisiones políticas, en las conversaciones diarias.

Transformar la vejez en una etapa de vida social, no solo biológica, con acompañamiento digno, salud, contención, redes de solidaridad, pero también con reconocimiento simbólico.

¿Por qué cuesta ver a los mayores como un colectivo discriminado?

Varias razones se entrelazan:

1. La cultura del consumismo: lo que no consume o no genera un mercado lucrativo tiende a ser desplazado. Los mayores, por su desgaste físico o sus prioridades distintas, son a menudo percibidos como menos “rentables” para los emprendimientos de mercado.

2. Modelos ideales de juventud: la juventud es valorada por vitalidad, fuerza, novedad, innovación. La vejez suele definirse en contrapunto: lo que uno “pierde”, lo que deja de ser. Eso limita la idea de lo que un mayor puede llegar a hacer, sentir o proponer.

3. Miedo al cuerpo que envejece: la enfermedad, la pérdida, la muerte; temas incómodos para muchos. Se tiende a ocultar lo viejo, a separar lo “útil” de lo que no cumple el estándar de rendimiento físico o visual.

4. Políticas públicas insuficientes: muchos derechos formales existen (jubilación, salud), pero su implementación, su acompañamiento social, cultural, la accesibilidad, la sensibilización general, no están a la altura del desafío.

¿Qué aporta el teatro?

Transformar el ensayo en obra teatral es algo más que cambiar de formato. El teatro obliga al cuerpo, al espacio, al encuentro. Hace visible lo que muchas veces permanece invisible. En este caso:

Permite que el público vea en escena la vida de mayores, no solo como espectadores, sino como posibles protagonistas.

Genera diálogo presencial, sensorial, emocional: la risa, el impacto, el asombro pueden darse en directo.

Potencia la posibilidad de que quienes no somos mayores también nos reconozcamos en esa vejez futura, empaticemos, cuestionemos prejuicios personales.

O’Donnell presenta su obra en el Teatro Astros en una única función, lo que lo convierte en un evento simbólico: no es solo entretenimiento, sino también llamado a la reflexión colectiva.

La reflexión de Pacho O’Donnell sobre la vejez interpela lo individual y lo social. Nos recuerda que envejecer no debería ser sinónimo de invisibilidad ni de marginación, sino de una etapa rica, plena y con dignidad. Plantea que los mayores somos quizás uno de los colectivos más numerosos que sufre discriminación en silencio y exige que se lo reconozca como sujeto activo de derechos, de cultura, de vida.

Una sociedad madura es aquella que cuida a sus mayores, los integra, los respeta, los escucha, les da espacio. Y la nueva vejez no es solo un ideal literario o filosófico: puede y debe traducirse en políticas, en actitudes, en transformaciones cotidianas.

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