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Trump y Putin en Alaska: silencios, gestos y la sombra de Ucrania.

Donald Trump suele extenderse en sus apariciones públicas, sobre todo cuando se trata de resaltar sus habilidades como negociador. Sin embargo, en su reciente encuentro con Vladimir Putin en Alaska, el presidente estadounidense sorprendió con una brevísima rueda de prensa de apenas cuatro minutos.

El mandatario definió la reunión de tres horas como “sumamente productiva” y aseguró haber alcanzado “muchos acuerdos”, aunque reconoció que “uno importante” aún quedaba pendiente. No ofreció precisiones. Ni siquiera mencionó la palabra “Ucrania”, pese a que el conflicto fue el gran telón de fondo de la cita.

En su única referencia directa a la invasión rusa, Trump afirmó que “detendremos las 5.000 muertes semanales, el presidente Putin también lo desea”. Lo que omitió es que Moscú podría hacerlo de manera inmediata si cesara sus ataques.

La narrativa rusa en boca de Trump

Putin, sereno y calculador, describió la guerra como un “asunto de seguridad” para Rusia y la calificó de “tragedia para el hermano pueblo ucraniano”. En su relato, Rusia aparece como víctima de provocaciones, una inversión de la realidad que parece haber calado en Trump.

Observadores en Washington señalan que el mandatario republicano de 79 años suele repetir lo último que escucha. El interrogante es si terminará asumiendo como propia la versión de Moscú.

Zelenski, relegado

Apenas días atrás, Trump respaldaba la posición occidental: que Ucrania es la única con derecho a decidir sobre su integridad territorial. Pero de regreso en Washington, matizó su postura y deslizó que ahora le corresponde al presidente Volodimir Zelenski alcanzar un acuerdo con el Kremlin.

Entre elogios y contradicciones

Trump no escatimó halagos hacia Putin, con quien dijo mantener una “fantástica relación”. Lo describió como un negociador inteligente, pese a que semanas antes lo había acusado de incumplir promesas y de intensificar sus ataques tras cada llamada.

En Alaska, no hubo críticas ni reproches. Trump sonrió imperturbable durante los ocho minutos que habló su par ruso, en una escena que recordó a la cumbre de Helsinki en 2018, cuando llegó a decir que confiaba más en Putin que en sus propios servicios de inteligencia.

Putin, por su parte, agradeció los esfuerzos de Trump y habló de cooperación futura, aunque advirtió que las “raíces del conflicto” —es decir, la relación de Ucrania con Occidente y la OTAN— debían ser eliminadas.

¿Próxima parada: Moscú?

Los resultados concretos fueron escasos. No se habló de alto el fuego ni de una reunión trilateral con Zelenski, como Trump había anticipado. El presidente estadounidense se limitó a decir: “Posiblemente nos volveremos a ver pronto”. Putin lo invitó a Moscú, y Trump respondió: “Podría ser”.

Gestos y símbolos

El encuentro estuvo cargado de simbolismo. Ambos llegaron puntuales a la base militar un detalle poco habitual en Putinm y caminaron juntos entre aviones de combate. Trump aplaudió cuando un caza sobrevoló el lugar; el líder ruso, en cambio, miró el cielo con gesto de incomodidad.

Antes de la cumbre, Trump había amenazado con “duras consecuencias” si Rusia no avanzaba hacia un alto al fuego. Tras la reunión, sin embargo, suavizó el tono y hasta insinuó que no habría nuevos aranceles contra China, aunque no explicó qué había cambiado.

La obsesión por el Nobel

En el trasfondo aparece la ambición personal de Trump: el Premio Nobel de la Paz. El comité anunciará al ganador en octubre y el expresidente busca mostrarse como el artífice de un acuerdo en Ucrania. Incluso Hillary Clinton se mostró dispuesta a apoyarlo, pero solo si logra una “paz justa”.

Por ahora, después de Alaska, ese objetivo parece más lejano que nunca.

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