El Mensajero
Sociedad

León XIV ante Milei: dos miradas sobre el Estado y la economía

La visita del Papa a la Argentina tendrá una dimensión diplomática, pero también abrirá un interrogante político: qué lugar ocupan el Estado, el trabajo y la justicia social en el modelo de país que impulsa el Gobierno nacional.

La llegada de León XIV a la Argentina, entre el 8 y el 11 de noviembre, excede el acontecimiento religioso. El Papa es soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano y cabeza de la Santa Sede, que mantiene relaciones diplomáticas con países de todo el mundo. Por eso, su encuentro con Javier Milei tendrá un carácter institucional, pero también un inevitable trasfondo político.

El domingo 8 de noviembre el Pontífice se reunirá con el Presidente en la Casa Rosada. La imagen de ambos en la sede del Gobierno nacional concentrará una tensión que va más allá del protocolo: de un lado, un proyecto político que reivindica la reducción del Estado, el ajuste del gasto público y la desregulación económica; del otro, una doctrina social que advierte sobre las consecuencias de subordinar la vida de las personas a las reglas del mercado.

La diferencia no significa que León XIV vaya a confrontar personalmente con Milei ni que la Iglesia represente una alternativa partidaria. Pero sí existe una distancia entre las prioridades del programa económico argentino y los principios que la doctrina social católica considera centrales: la dignidad humana, el valor del trabajo, la solidaridad, la justicia social y la responsabilidad pública frente a las desigualdades. El equilibrio fiscal puede ser un objetivo de gobierno; la discusión política es qué costos sociales se consideran aceptables para alcanzarlo.

Esa tradición tiene más de un siglo. En 1891, León XIII publicó Rerum novarum, un documento que abordó las condiciones de los trabajadores durante la revolución industrial, defendió el salario justo y la organización sindical, y reconoció responsabilidades del Estado frente a los abusos económicos. León XIV recupera esa línea en Magnifica humanitas, su encíclica del 15 de mayo de 2026, donde analiza los desafíos de la inteligencia artificial, la concentración del poder tecnológico y el futuro del trabajo.

También está presente el legado de Francisco, que cuestionó una economía que excluye, la concentración de la riqueza y la idea de que el crecimiento económico, por sí solo, garantiza bienestar para todos. Sus documentos insistieron en que la política tiene una responsabilidad concreta en la construcción del bien común y en la protección de quienes quedan al margen de los beneficios del desarrollo.

En ese marco, la reunión con Milei adquiere una dimensión que merece ser observada más allá de los gestos diplomáticos.

No se trata de esperar un pronunciamiento contra el Gobierno, sino de analizar qué ocurre cuando una concepción que reduce la intervención estatal se encuentra con una tradición que reclama límites al poder económico y una responsabilidad colectiva frente a la pobreza, la precariedad y la desigualdad.

Más de un siglo después de Rerum novarum, la discusión sigue abierta. Cambiaron las formas de producción, la tecnología y la organización del trabajo, pero persiste una pregunta esencial: ¿el desarrollo económico debe estar al servicio de las personas o son las personas quienes deben adaptarse a las exigencias del modelo económico?

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