Por Luis Emanuel Cecchini
La muerte siempre fue noticia. Pero en la era digital, donde cada visita cuenta y la publicidad se disputa segundo a segundo, cabe preguntarse cuándo el fallecimiento de una persona es un hecho de interés público y cuándo se convierte, simplemente, en una estrategia para atraer audiencia.
Cuando muere un cantante, actor, deportista, político o cualquier persona sumamente conocida, la noticia impacta, causa conmoción. El fallecimiento del Indio Solari, de Rubén Rada, de Jorge Roña Castro o de Antonio Grimau ocuparon mucho espacio en medios y redes. Eso es lógico, son personajes populares, queridos por la gente y su pérdida en términos periodístico es información valiosa. Pero en otros casos la noticia no es la muerte de una celebridad, sino solamente la muerte. Y eso es otra cosa.
La investigadora argentina Stella Martini, en sus estudios sobre los criterios de noticiabilidad, explica que los medios seleccionan los acontecimientos que consideran dignos de convertirse en noticias a partir de determinados valores: la novedad, la relevancia, el impacto, la proximidad y la jerarquía de sus protagonistas, entre otros.
Dentro de esa lógica aparecen los fallecimientos de personas famosas o reconocidas, acontecimientos que suelen despertar interés por la trayectoria de quien murió y por el impacto de su ausencia. Martini también analiza las apariciones como una modalidad vinculada a la presencia pública de figuras y protagonistas en la construcción de la noticia.
La muerte de una celebridad, entonces, tiene una justificación periodística. El problema aparece cuando esa lógica es forzada únicamente con el propósito de conseguir clics.
La muerte como anzuelo
Muchas veces encontramos en los medios titulares como “Murió un famoso músico”, “Falleció un reconocido futbolista” o “Dolor por la muerte de un prestigioso actor” y, al ingresar a la nota, descubrimos que se trata de alguien prácticamente desconocido para la mayoría de la audiencia. Ahí es donde la noticia empieza a parecerse a un anzuelo.

En el ecosistema digital, la muerte tiene un atractivo particular: conmueve, despierta curiosidad y genera interacciones. Un título impactante puede multiplicar las visitas y, con ellas, las oportunidades de obtener ingresos publicitarios. La vida que terminó se transforma así en un recurso para alimentar las estadísticas de un sitio web o las métricas de una red social.
Los criterios de noticiabilidad ayudan a comprender por qué ciertos fallecimientos ocupan un lugar destacado en la agenda mediática. Sin embargo, que un acontecimiento pueda convertirse en noticia no significa que cualquier tratamiento sea legítimo. La selección periodística exige, además, rigor, contexto y honestidad.
El desafío del periodismo digital es competir por la atención sin perder credibilidad. Informar con títulos atractivos no está mal. Exagerar, confundir o fabricar notoriedad para obtener ingresos publicitarios es otra cosa.
Al final, la pregunta es sencilla: ¿estamos contando una muerte porque tiene valor periodístico o porque sabemos que puede generar visitas? Cuando la respuesta es solamente la segunda, la noticia deja de estar al servicio de la información y empieza a estar al servicio del negocio. Y cuando la muerte se convierte en un producto, lo que queda en juego es la credibilidad del periodismo.
No se trata de cuestionar que los medios informen sobre fallecimientos ni de establecer quién merece ser noticia. Se trata de distinguir entre la relevancia periodística y la exageración comercial. Tampoco es poner en tela de juicio el trabajo de colegas. Es una autocrítica a ciertas prácticas que en definitiva le terminan quitando valor y seriedad a nuestra profesión.
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