Las preferencias cambiaron con el paso de las generaciones. Nombres como Graciela, Mónica, Héctor y Mario perdieron popularidad, mientras Isabella, Benjamín y Mateo encabezan las elecciones para los recién nacidos.
Los nombres elegidos para los bebés en Argentina reflejan los cambios culturales y generacionales de la sociedad. Un relevamiento basado en datos del Registro Nacional de las Personas (Renaper) muestra que muchas opciones que fueron masivas durante el siglo XX hoy aparecen con mucha menos frecuencia.
Entre los nombres femeninos, Beatriz, Graciela, Mónica, Silvia y Susana registraron una fuerte caída respecto de la década de 1960. En el caso de Beatriz, se pasó de más de 200.000 inscripciones en aquel período a unas 2.400 en la década de 2020.
La tendencia también alcanza a Mónica, que pasó de 91.695 registros a 272, y a Graciela, que descendió de 111.650 a 536. Otros nombres tradicionales, como Norma, Marta, Mirta, Gladys y Nilda, también quedaron relegados en las preferencias actuales.
En el universo masculino se observa un fenómeno similar. Mario, Héctor, Rubén, Marcelo y Sergio perdieron terreno frente a nombres que hoy predominan entre los recién nacidos. Mario, por ejemplo, pasó de 54.612 inscripciones en los años 60 a 1.467 en la década actual.
También disminuyeron notablemente las elecciones de nombres como Roberto, Raúl, Claudio y Horacio. Uno de los casos más pronunciados es Alberto, que pasó de 176.918 registros a 2.541.
Isabella, Benjamín y Mateo lideran las preferencias
Mientras los nombres tradicionales pierden presencia, otros que eran poco frecuentes hace seis décadas se convirtieron en los más elegidos del país.
Isabella encabeza las preferencias femeninas de la década de 2020, con 53.877 registros, seguida por Valentina, con 46.747, y Sofía, con 41.032. Completan los primeros cinco lugares Jazmín y Emma, que suma 36.926 inscripciones.
Entre los varones, Benjamín ocupa el primer puesto, con 58.289 registros, seguido por Mateo. Gael, Bautista y Valentín completan los cinco nombres masculinos más populares.
El crecimiento de algunas opciones resulta significativo. Isabella, que tuvo apenas 15 registros en los años 60, llegó a más de 53.000 en la década actual. Emma pasó de 2.224 a 36.926 inscripciones, mientras que Olivia aumentó de 247 a 36.053.
Los nombres también reflejan nuevas influencias culturales
La transformación no se limita al reemplazo de nombres tradicionales por otros más recientes. En la Ciudad de Buenos Aires, los registros de nacimientos de 2025 muestran tanto elecciones históricas que hoy son excepcionales como nombres novedosos vinculados con distintas expresiones culturales.
Patricia y Nilda, por ejemplo, tuvieron miles de registros durante los años 60, pero en 2025 fueron elegidos una sola vez cada uno en la Ciudad. Una situación similar se observa en nombres como Aldo, Ofelia, Bernabé, Florentina e Ítalo.
Al mismo tiempo, aparecieron opciones poco habituales o sin antecedentes significativos en las estadísticas históricas, como Padme, Pandora, Eowyn, Xeneize, Ikaris, Axl y Adaobi.
La evolución de los nombres muestra cómo las elecciones familiares se modifican con el tiempo. Las preferencias de cada generación conviven con nuevas influencias culturales y sociales, mientras muchas de las opciones que marcaron una época quedan cada vez más lejos de las actas de nacimiento.

