Las elecciones nacionales en Córdoba ya tienen a sus principales candidatos definidos. Lo que debería ser un proceso de representación ciudadana terminó derivando, una vez más, en un festival de listas armadas a último momento, con negociaciones opacas y acuerdos de pasillo que poco tienen que ver con las demandas sociales urgentes.
El peronismo, lejos de mostrarse como un bloque sólido, se presenta fragmentado en múltiples variantes: Juan Schiaretti con Provincias Unidas, Natalia De la Sota con Defendamos Córdoba, Pablo Carro con Fuerza Patria y Edgar Bruno con el Partido País. La multiplicación de sellos parece más una estrategia de supervivencia individual que un proyecto político claro.
La UCR, atrapada en su propio laberinto judicial, terminó recurriendo a un apellido conocido, Ramón Javier Mestre, para encabezar su histórica Lista 3. Un regreso que exhibe más nostalgia que renovación.
El espacio libertario, que promete “orden” y “novedad”, desembarca con al menos cuatro boletas distintas: Gonzalo Roca (La Libertad Avanza), Agustín Spaccesi (Partido Libertario), Rodolfo Eiben (Partido Demócrata) y Stefano Díaz, más conocido como “Alfajor Tatín”. El fenómeno expone lo mismo que critican: personalismos y marketing antes que ideas consistentes.
El PRO tampoco escapa a la fractura: Oscar Agost Carreño y Héctor Baldassi competirán en espacios separados, confirmando que la “alternativa amarilla” no logra sintetizar un liderazgo.
Finalmente, en la izquierda tampoco hubo unidad: Julia Di Santi por el Nuevo MAS y Liliana Olivero por el FIT marchan en paralelo, repitiendo la dispersión que históricamente limita sus chances.
En suma, la política cordobesa llega a la elección con un escenario fragmentado, donde sobran nombres pero faltan proyectos. Una oferta electoral que se parece más a un supermercado de listas que a un debate serio sobre el futuro de la provincia y del país.

