Escribe Gustavo Billaruel
El conflicto entre Israel y la Franja de Gaza, que se intensificó el 7 de octubre de 2023 con el ataque de Hamás, desató una crisis humanitaria y política de magnitud inédita en la región. Lejos de ser un episodio aislado, esta guerra se enmarca en un conflicto palestino-israelí de larga data, marcado por ocupación, bloqueo y la disputa por el proyecto nacional palestino. A escala global, algunos gobiernos y organismos han calificado la situación con términos extremadamente graves y han exigido responsabilidades internacionales.
La devastación humana: cifras y escala del daño
Según el Ministerio de Salud de Gaza, y con el recuento que las agencias humanitarias han venido utilizando, la cifra de fallecidos en la Franja supera los 67.000 personas, dato verificado al 10 de octubre de 2025. Entre las víctimas se registra una proporción muy alta de civiles; las agencias humanitarias estiman que alrededor de un tercio de los muertos son niños y niñas. Además de las muertes directas por bombardeos y combates, se suman víctimas indirectas por el colapso del sistema sanitario, la falta de medicamentos y la inseguridad alimentaria.
El desplazamiento y la crisis alimentaria
La situación de desplazamiento alcanza a la vasta mayoría de la población gazatí: casi la totalidad de los habitantes de la Franja han sufrido desplazamientos forzados en distintos momentos del conflicto. Las agencias de la ONU y la comunidad sanitaria internacional además han confirmado que en zonas concretas se han alcanzado niveles de hambruna y malnutrición que requieren una respuesta masiva y sostenida.
Víctimas del ataque del 7 de octubre y la asimetría del conflicto
El ataque inicial de Hamás del 7 de octubre de 2023 causó, según las cifras oficiales y los recuentos periodísticos, cerca de 1.200 fallecidos en suelo israelí, en su mayoría civiles. La comparación entre esas pérdidas y las sufridas en Gaza subraya la asimetría de un conflicto que se ha cobrado un número desproporcionado de víctimas civiles palestinas.
Repercusiones legales e internacionales
La magnitud de la destrucción en Gaza y el número de víctimas civiles han dado lugar a denuncias y procedimientos ante organismos internacionales. La Corte Internacional de Justicia recibió una demanda que llevó a la emisión de medidas provisionales destinadas a proteger derechos básicos y garantizar la entrada de ayuda humanitaria, entre otras órdenes. Es importante distinguir entre las medidas provisionales y una sentencia definitiva; no obstante, el caso generó una fuerte presión diplomática y jurídica a nivel global.
El tablero regional: el eje de resistencia y la ampliación del conflicto
La guerra se ha regionalizado: Irán y grupos aliados, incluidos Hizbolá en Líbano y milicias vinculadas en Siria e Irak, así como movimientos que actúan desde Yemen, han intensificado su papel, realineando equilibrios militares y políticos en Oriente Medio. Para Israel, esta expansión constituye una amenaza estratégica que complica cualquier solución local limitada y presiona a las potencias regionales e internacionales a intervenir o a negociar.
Una pausa y la incógnita de la reconstrucción
Recientemente se anunció un primer acuerdo de alto el fuego que contempla, entre otros puntos, la liberación de rehenes y la entrada masiva de ayuda humanitaria, así como planes para una reconstrucción bajo fórmulas temporales de administración y supervisión internacional según sus promotores. Diversos países y mediadores de la región, como Qatar, Egipto y Turquía, participaron en las gestiones, y varios actores internacionales han destacado el papel de Estados Unidos en la última fase del acuerdo. Entre los rehenes que aparecen mencionados en las listas de liberación figuran tres personas de nacionalidad argentina: Eitan Horn y los hermanos Ariel y David Cunio.
Qué pide la comunidad internacional
La pregunta central sigue siendo qué hará la comunidad internacional para mediar con eficacia. La parálisis política en algunos foros multilaterales, los intereses divergentes de las grandes potencias y la fragilidad de los mecanismos de cumplimiento han sido obstáculos persistentes. Para avanzar se requiere, según especialistas y organizaciones humanitarias, una combinación de presión diplomática sostenida, acceso humanitario sin restricciones y mecanismos creíbles de reconstrucción y rendición de cuentas que permitan, a largo plazo, una posibilidad real de convivencia y justicia para ambos pueblos.
La tragedia de Gaza coloca sobre la mesa la urgencia de respuestas que vayan más allá de consignas. La magnitud del sufrimiento exige prioridades humanitarias inmediatas y procesos diplomáticos creíbles que trabajen simultáneamente en la protección de vidas y en un diseño político que aspire a una solución duradera. Hoy, esa posibilidad parece más lejana que hace dos años; sin embargo, la presión internacional y la visibilidad del daño humano son combustible para ejercer el tipo de diplomacia que la región necesita con urgencia.

