En la reciente 79ª Asamblea General de las Naciones Unidas, Argentina se destacó por su postura contraria a una declaración política histórica que combina por primera vez la lucha contra las enfermedades no transmisibles con la promoción de la salud mental y el bienestar.
El documento, aprobado por 176 países, buscaba establecer metas concretas para 2030, como reducir el consumo de tabaco, mejorar el control de la hipertensión y ampliar el acceso a servicios de salud mental en todo el mundo.
Argentina y Estados Unidos fueron los únicos gobiernos que votaron en contra, mientras que Paraguay se abstuvo de respaldar la declaración.
El texto también contemplaba la ampliación de políticas públicas hacia problemas como salud bucal, cáncer infantil y determinantes ambientales, así como el llamado a que la mayoría de los países implementen marcos regulatorios y fiscales específicos.
La negativa argentina se alinea con la posición estadounidense, que objetó partes del documento relacionadas con la salud sexual y reproductiva y un enfoque de género considerado polémico por esos gobiernos.
La declaración aprobada reconoce que las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la diabetes causan millones de muertes prematuras cada año y que los trastornos de salud mental afectan a más de mil millones de personas a nivel global.
La decisión de Buenos Aires de no acompañar este consenso internacional genera debate en la comunidad diplomática, especialmente en un contexto donde la cooperación global en salud pública es vista como central para enfrentar crisis sanitarias y desigualdades.

