En el aniversario de la partida de Alfonsina Storni, Argentina recuerda a una de sus voces más poderosas, una poeta que transformó la literatura y abrió caminos para la lucha por los derechos de las mujeres. Su legado continúa vigente y necesario.
Alfonsina nació en 1892 en Sala Capriasca, Suiza, y llegó a nuestro país con apenas cuatro años. Desde muy joven trabajó para ayudar a su familia: fue obrera, costurera, camarera y maestra. Su vínculo con la docencia y la escritura se consolidó en Buenos Aires, donde encontró un espacio para hacer oír una voz distinta, rebelde, sensible y profundamente humana.
Su obra literaria irrumpió con fuerza en el mundo cultural. Publicó su primer libro, La inquietud del rosal, en 1916, y pronto se convirtió en una autora reconocida en toda América Latina. Su poesía fue evolucionando hacia un tono más crítico y personal. Con títulos como El dulce daño, Languidez y Ocre, rompió estructuras y se declaró libre de mandatos sociales que encorsetaban a las mujeres de su tiempo.
Su escritura fue también un manifiesto feminista. Con su pluma desafió a una sociedad que buscaba silenciar a las mujeres. Lo expresó con palabras que aún resuenan en nuestra memoria colectiva:
“Hombre pequeñito que jaula me das. Digo pequeñito porque no me entiendes, ni me entenderás. Ábreme la jaula que quiero escapar.”
A través de artículos, conferencias y una vida artística intensa, defendió el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, su trabajo y su destino. Al mismo tiempo, exploró lo íntimo, lo amoroso y lo existencial con una sensibilidad poética conmovedora. En uno de sus versos escribió:
“¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace tiempo vengo pidiendo medios para volar?”
El final de su vida quedó marcado por la tragedia. El 25 de octubre de 1938, Alfonsina se internó en el mar en Mar del Plata, en un acto que convirtió su figura en símbolo de intensidad, valentía y dolor. Allí cerró su historia, pero abrió para siempre un puente hacia la eternidad de la poesía.
Su palabra continúa viva y nos interpela. Sus versos trazaron una defensa de la dignidad y de la identidad femenina en un tiempo que no estaba preparado para escuchar. Su obra invita a romper moldes, a cuestionarlo todo, a abrazar la libertad sin miedo. En uno de sus poemas dejó escrito:
“Soy, como todos, una pobre mezcla de lo divino al fin y lo bestial.”
Recordar a Alfonsina es también seguir su lucha. Es permitir que la literatura siga siendo un territorio para decir lo que muchos callan. Es reconocer que, gracias a mujeres como ella, hoy existen conquistas que antes parecían imposibles. Su vida y su obra son un faro en momentos donde aún persisten desigualdades, violencias y silencios obligados.
En cada aniversario, el mar de Mar del Plata se vuelve poema y memoria. Allí donde su cuerpo se entregó, su palabra se levantó para siempre. Alfonsina Storni no se fue. Habita en cada lectura, en cada mujer que alza la voz, en cada verso que se atreve a romper las cadenas del mundo que la rodea.

