En las primeras horas del martes 28 de octubre de 2025, las fuerzas de seguridad del estado de Rio de Janeiro llevaron a cabo una operación a gran escala en los complejos de favelas de Complexo do Alemão y Complexo da Penha. Participaron cerca de 2.500 agentes, entre policías civiles, militares y fuerzas especiales, que ingresaron con vehículos blindados, helicópteros y drones con la intención de neutralizar a miembros de la organización criminal Comando Vermelho. Las autoridades informaron de al menos 64 fallecidos —entre ellos cuatro policías— y más de 80 detenidos.
La cifra convierte esta operación en la más letal registrada hasta ahora en el estado de Río de Janeiro. Desde el gobierno estatal sostienen que el objetivo fue frenar la expansión territorial de la banda criminal, apremiar su estructura de mando y recuperar el control sobre zonas de alta complejidad urbana.
Un operativo con dimensiones de conflicto
La intervención comenzó pre-amanecer y se extendió por varias horas. Los barrios donde se produjo —densamente poblados y con décadas de presencia del crimen organizado— se convirtieron en escenario de enfrentamientos armados que incluyeron barricadas, coches incendiados y provisión de armas automáticas por parte de los agresores. Según el gobernador estatal, Cláudio Castro, los fallecidos de la facción criminal fueron “neutralizados” tras “resistencia a la acción policial”.
En paralelo, surgieron denuncias de que entre los muertos podrían figurar civiles inocentes, por lo que organismos nacionales e internacionales de derechos humanos plantearon una exigencia de clarificación de cada caso.
Vínculo con grandes eventos internacionales y críticas latentes
El momento elegido para la operación no es azaroso: Río de Janeiro se prepara para recibir encuentros internacionales vinculados al clima —como la cumbre de alcaldes del grupo C40 Cities y el premio Earthshot Prize— en los próximos días. Las grandes operaciones policiales antes de eventos globales ya habían generado debate en la ciudad.
Especialistas en seguridad cuestionan que, aunque se erradiquen decenas de agresores, la estrategia no garantice la captura de los cabecillas ni ofrezca soluciones de fondo sobre la pobreza, la exclusión y el control territorial del crimen en las favelas. Un sociólogo consultado señaló: “Estos números parecen de guerra, pero no hay estrategia real para romper la lógica”.
Impacto inmediato y posibles efectos a largo plazo
La operación produjo un efecto de sorpresa casi bélico en los barrios involucrados: calles bloqueadas, servicios escolares suspendidos, transporte público interrumpido y temor generalizado entre la población. Al menos 46 escuelas fueron cerradas de manera preventiva en la zona norte de la ciudad.
Más allá del saldo inmediato de muertos y arrestados, la acción abre interrogantes respecto del modelo de seguridad que se implementa en Río de Janeiro y en Brasil: ¿se trata solo de golpes puntuales frente al crimen organizado o de una política permanente de Estado coordinada con prevención social? La escasa transparencia sobre los muertos y la responsabilidad estatal en los daños colaterales ya han sido señaladas por diversas entidades.
Para los residentes de las favelas, las viejas preguntas vuelven a tomar fuerza: ¿cuánto cambiará realmente su día a día? ¿Cuándo dejarán de sentirse zonas de guerra para convertirse en comunidades con garantías de Estado de derecho?

