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24 de febrero de 1946: cuando el trabajo se convirtió en política de Estado

El 24 de febrero de 1946 quedó marcado como uno de los hitos decisivos de la historia argentina. Ese domingo no solo se definió una presidencia: se consolidó una nueva relación entre el Estado y los trabajadores.

La elección consagró a Juan Domingo Perón y abrió una etapa en la que la cuestión social dejó de ocupar un lugar marginal para convertirse en columna vertebral del proyecto político.

La Argentina que acudió a las urnas atravesaba un escenario complejo. El fin de la Segunda Guerra Mundial encontraba al país con reservas fortalecidas por las exportaciones, pero también con profundas desigualdades estructurales.

En ese contexto, la experiencia desarrollada desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, creada tras la Revolución de 1943, había alterado la dinámica tradicional entre capital y trabajo.

La institucionalización de los convenios colectivos, la creación de tribunales laborales y el Estatuto del Peón Rural marcaron un cambio concreto en la protección de sectores históricamente postergados.

El triunfo electoral permitió consolidar y profundizar ese proceso. Durante el primer peronismo se afirmó el pago del aguinaldo, se generalizó la jornada laboral de ocho horas, se fortaleció el régimen de vacaciones pagas y se expandió el sistema previsional.

La sindicalización creció al calor de un Estado que reconocía a los trabajadores como actores centrales de la vida económica. La justicia social dejó de ser una formulación discursiva para traducirse en legislación, salario y cobertura efectiva.

La política social adquirió una dimensión inédita. A través de la Fundación Eva Perón se desarrolló una red de hospitales, hogares, escuelas y programas de vivienda que ampliaron la presencia estatal en barrios y provincias.

La gratuidad universitaria establecida en 1949 abrió el acceso a la educación superior a sectores históricamente excluidos, mientras la educación técnica y la inversión en infraestructura buscaron articular movilidad social con desarrollo productivo.

La expansión del crédito y el impulso al mercado interno formaron parte de una estrategia que integró a amplias mayorías al consumo y a la ciudadanía social.

Ese proceso generó debates intensos y miradas contrapuestas sobre el alcance de la intervención estatal y el modelo de desarrollo adoptado.

El ciclo iniciado en 1946 modificó de manera estructural la posición del trabajo en la agenda pública y redefinió el papel del Estado como garante de derechos.

Revisar aquella elección implica comprender el origen de conquistas que con el tiempo se naturalizaron.

La jornada limitada, el salario anual complementario, las vacaciones, la negociación colectiva y la ampliación de la seguridad social no surgieron como hechos aislados, sino como parte de un proyecto que colocó al trabajador en el centro del desarrollo nacional.

A ocho décadas exactas de aquella jornada electoral, su legado continúa interpelando a la Argentina cada vez que se discuten el alcance de los derechos laborales y el rol del Estado en la construcción de igualdad.

 

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