El Mensajero
Provinciales

Crisis en el PJ cordobés: todos juegan, nadie conduce

La interna se expone sin filtros y deja al descubierto un peronismo sin rumbo claro ni liderazgo consolidado

El Partido Justicialista de Córdoba atraviesa una de sus etapas más tensas: una disputa interna abierta, sin conducción firme y con más ambición individual que estrategia colectiva. Lo que durante años se resolvía en silencio hoy se ventila sin control, mostrando un espacio que perdió capacidad de ordenarse.

La crisis no se explica solo por nombres propios. El problema es estructural: falta un liderazgo que sintetice, sobran sectores que compiten y no aparece un proyecto común que contenga al conjunto. En ese vacío, cada dirigente juega su propio partido.

Un liderazgo que no termina de consolidarse

Durante años, Juan Schiaretti fue el eje ordenador del peronismo cordobés. Su corrimiento del centro de la escena dejó un vacío que todavía no encuentra reemplazo claro.

El actual gobernador, Martín Llaryora, busca construir ese lugar, pero aún no logra consolidar una conducción indiscutida ni disciplinar a todos los sectores internos. Esa distancia entre el poder institucional y el liderazgo político real alimenta la tensión.

 

Territorio liberado y juego propio

Intendentes, legisladores y armadores territoriales comenzaron a moverse con autonomía. La unidad dejó de ser un valor garantizado y pasó a depender de acuerdos frágiles y momentáneos.

En este escenario, la lógica interna se impone. Hay más cálculo político que construcción colectiva, y cada sector mide fuerzas sin voluntad real de ceder para ordenar el conjunto.

 

El costo de una interna permanente

Mientras la dirigencia discute poder, el espacio pierde conexión con la sociedad. La política se vuelve endogámica, enfocada en sus propias tensiones y lejos de las demandas concretas.

Ese desgaste impacta en varios frentes: debilita la gestión, erosiona la territorialidad y reduce la capacidad de proyectarse como alternativa competitiva.

Mucho en juego, poco rumbo

Lo que se disputa dentro del PJ cordobés no es menor: liderazgo, armado político y control del futuro del espacio en la provincia. Sin embargo, la forma en que se da esa pelea expone más fragilidad que fortaleza.

Porque cuando todos compiten y nadie conduce, el riesgo es claro: la interna deja de ser una herramienta de construcción y se convierte en un factor de desgaste.

El peronismo cordobés enfrenta una encrucijada decisiva: ordenarse detrás de un proyecto o profundizar una fragmentación que puede costarle caro. Por ahora, la sensación dominante es que la disputa avanza… y la conducción sigue sin aparecer.

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