Por Luis Emanuel Cecchini
En medio del movimiento cotidiano del barrio, hay un lugar donde el tiempo parece ir un poco más despacio. Entre estanterías repletas de libros, mesas de lectura y el ir y venir de niños, jóvenes y adultos, la Biblioteca del Centro Integral Comunitario (CIC) se ha convertido en mucho más que un sitio para retirar ejemplares: es un espacio de encuentro, de aprendizaje, de contención y de construcción comunitaria.
El ambiente invita naturalmente a quedarse. La tranquilidad del lugar, el silencio que acompaña cada lectura y la calidez con la que son recibidos quienes cruzan la puerta hacen de la biblioteca un refugio para quienes buscan un momento de reflexión o simplemente disfrutar de un buen libro.
Detrás de ese trabajo cotidiano está la bibliotecaria Luciana Liendo, responsable, quien nos recibió para contar cómo funciona este espacio que, con esfuerzo y constancia, logró ganarse un lugar en el corazón del barrio.
«Somos una extensión de la Medioteca y trabajamos como una sola biblioteca»
Luciana explica que la biblioteca del CIC funciona como una extensión de la Medioteca Municipal y Popular Mariano Moreno, compartiendo el mismo sistema de usuarios y préstamos.
«Nuestra biblioteca está ubicada en barrio Evita y funciona como una sede de la Medioteca. Atendemos de lunes a viernes de 12 a 19 horas y los sábados de 9 a 13 horas.»
Una de las ventajas del sistema es que el carnet de lector sirve para cualquiera de las dos sedes.
«El usuario puede retirar un libro acá y devolverlo en la Medioteca o hacerlo al revés. Incluso, si alguien busca un libro que nosotros no tenemos, lo solicitamos a la Medioteca para que pueda retirarlo aquí. Muchas veces eso le facilita mucho las cosas porque evita trasladarse hasta el centro.»
Ese servicio, explica, busca acercar la lectura a los vecinos y eliminar barreras de acceso.
Una biblioteca que fue conquistando al barrio paso a paso
Hoy la biblioteca cuenta con entre 450 y 500 usuarios activos, pero ese crecimiento no llegó de un día para otro.
Luciana recuerda que durante los primeros años fue necesario realizar un intenso trabajo para que los vecinos conocieran el servicio.
«Muchas personas no sabían cómo funcionaba la biblioteca ni para qué servía el carnet de usuario. Hubo que explicar todo desde cero.»
Ese proceso demandó tiempo, paciencia y mucha presencia territorial.
«Fue realmente un trabajo de hormiga. Caminamos los barrios Evita, Las Playas, Industrial y sectores cercanos, hablamos con los vecinos, visitamos instituciones y fuimos generando ese vínculo. Hoy vemos los resultados y la verdad es muy gratificante.»
La tarea también se extendió hacia barrio Las Playas, donde se concentra una importante cantidad de instituciones educativas.
«Trabajamos permanentemente con jardines de infantes, escuelas primarias, secundarias y Centros de Promoción Familiar. Hoy participamos de los festivales de lectura, del Festival de la Palabra y recibimos cada año a cientos de alumnos.»
Cada visita tiene una propuesta especialmente preparada.
«No solamente vienen a conocer la biblioteca. Siempre organizamos un taller de acercamiento a la lectura pensado según la edad de los chicos que nos visitan.»
Mucho más que prestar libros
Si hay algo que Luciana destaca es que la biblioteca cumple una función que va mucho más allá del préstamo de ejemplares.
A diario se transforma en un espacio de acompañamiento para muchas familias del sector, donde los niños encuentran actividades, los adultos asesoramiento y todos un lugar donde sentirse escuchados.
La biblioteca desarrolla un fuerte trabajo de contención social y apoyo a la comunidad, generando propuestas que fortalecen el vínculo con los vecinos y promueven el acceso igualitario a la cultura y la educación.
Ese compromiso se refleja también en los talleres gratuitos que funcionan durante toda la semana.
«La idea siempre fue acercar la biblioteca al barrio y que el barrio también la sintiera como propia.»
Actualmente funcionan cuatro propuestas de promoción de la lectura.
Pulpotecarios está destinado a niños y niñas de 2 y 3 años, quienes participan junto a sus familias y continúan el recorrido iniciado con el programa Mis Primeros Libros.
También funciona Horneritos, para pequeños de 4 y 5 años, también acompañados por un adulto.
A esas propuestas se suman los talleres para chicos de 6 a 8 años, los martes de 16 a 17.30 horas, y para niños de 9 a 11 años, los jueves en el mismo horario.
«Siempre partimos de un cuento. Trabajamos la escucha, la comprensión lectora y después realizamos alguna actividad recreativa relacionada con esa historia.»
El crecimiento de la participación obligó incluso a ampliar la oferta.
«Tuvimos que incorporar dos talleres más porque cada vez eran más los chicos que querían participar.»
Literatura para todas las edades
Aunque la mayor cantidad de usuarios son niños y adolescentes, la biblioteca cuenta con una colección amplia.
«La bibliografía es muy variada. Tenemos literatura infantil y juvenil porque es lo que más nos solicitan, pero contamos con libros para todas las edades y de distintos géneros.»
Cómo hacerse socio
Obtener el carnet de lector es un trámite sencillo y gratuito.
«Desde la biblioteca o desde la Medioteca proporcionamos un enlace donde cada persona completa un formulario.»
Allí se solicita el DNI —y, si se trata de un menor, también el del adulto responsable—, un servicio, un teléfono de contacto y una fotografía tipo selfie.
«El trámite demora aproximadamente 24 horas y, al completarlo, la persona puede elegir si quiere retirar el carnet en la Medioteca o aquí, según cuál le quede más cerca.»
Mientras la entrevista llega a su fin, el movimiento dentro de la biblioteca continúa. Algunos chicos hojean libros ilustrados; otros esperan el comienzo de un taller. En un rincón, una joven lee en silencio. La escena resume el espíritu del lugar: una biblioteca abierta, cercana y viva, donde los libros son el punto de partida, pero donde el verdadero valor está en las personas que la habitan cada día.
Porque en este rincón de Villa María no solo se fomenta la lectura. También se cultivan vínculos, se acompaña a las familias y se construye comunidad, en un espacio sereno que invita a detenerse, reflexionar y descubrir, página tras página, nuevas historias.


