Un estudio del Pew Research Center revela cómo cambia la relación con la IA según la edad: los jóvenes son quienes más recurren a los chatbots, pero también quienes tienen una mirada más crítica sobre sus efectos. ChatGPT lidera el uso en todos los grupos etarios.
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología del futuro para convertirse en una herramienta cotidiana. Se usa para buscar información, estudiar, trabajar, entretenerse, resolver problemas y hasta pedir consejos personales. Sin embargo, no todos la miran de la misma manera.
Un relevamiento realizado por el Pew Research Center entre más de 5.000 adultos estadounidenses muestra una paradoja que atraviesa a la sociedad actual: quienes más utilizan la inteligencia artificial son, al mismo tiempo, quienes más cuestionan hacia dónde puede llevarla su desarrollo.
El estudio, realizado en febrero y publicado posteriormente por el organismo, analiza las diferencias generacionales en el uso de los chatbots, la confianza en estas herramientas y la percepción sobre su impacto futuro.
Los jóvenes usan más IA, pero confían menos en su futuro
Entre los menores de 30 años, aproximadamente la mitad considera que la inteligencia artificial tendrá un impacto negativo en la sociedad. Solo un 14% cree que su efecto será positivo.
La percepción negativa también aparece entre los adultos mayores, aunque con porcentajes menores. En todos los grupos de edad, de todos modos, las opiniones desfavorables superan a las positivas.
La preocupación no se limita al conjunto de la sociedad. Los jóvenes también son quienes más creen que la IA puede perjudicarlos personalmente: alrededor de cuatro de cada diez menores de 30 años tienen esa percepción.
En cambio, los mayores de 65 años presentan otra característica: son quienes más responden que no saben todavía qué impacto tendrá la inteligencia artificial, tanto en la sociedad como en sus propias vidas.
Hay, además, un tercer grupo: quienes consideran que los beneficios y los perjuicios de la IA terminarán compensándose. Esa posición reúne aproximadamente entre un cuarto y tres de cada diez personas, dependiendo del grupo etario.
Una tecnología que avanza más rápido que la confianza
Existe, sin embargo, un punto de coincidencia entre generaciones: la mayoría considera que la inteligencia artificial está avanzando demasiado rápido.
Según el estudio, entre el 61% y el 65% de los adultos, independientemente de su edad, comparte esa percepción.
El dato resulta significativo porque muestra que la discusión ya no pasa solamente por si las personas utilizan o no la IA. El debate comienza a instalarse en otro lugar: qué velocidad debería tener su desarrollo y quién debería establecer los límites.
Los menores de 50 años son los grandes usuarios de los chatbots
La diferencia generacional aparece con mayor claridad cuando se analiza el uso concreto.
Alrededor del 63% de los adultos menores de 50 años utiliza chatbots de inteligencia artificial, mientras que el porcentaje cae entre las personas de 50 a 64 años y es todavía menor entre quienes tienen 65 años o más.
El uso también creció con el paso del tiempo en prácticamente todas las edades. El incremento entre quienes tienen 30 y 40 años fue particularmente fuerte, al punto de acercarlos actualmente al nivel de utilización de los adultos más jóvenes.
Y no se trata solamente de un uso ocasional.
Uno de cada tres adultos menores de 50 años afirma utilizar chatbots diariamente.
La IA, para ese segmento, ya forma parte de la rutina.
ChatGPT domina el escenario
Dentro del universo de chatbots, hay un claro líder.
ChatGPT es la herramienta más utilizada en todos los grupos de edad, aunque su penetración es mayor entre los menores de 30 años y también es elevada entre quienes tienen entre 30 y 40 años.
El uso de ChatGPT aumentó en todos los grupos etarios desde 2023.
Detrás aparecen Gemini, Copilot y Meta AI, aunque con diferencias importantes según la edad. Entre los menores de 50 años, Gemini ocupa el segundo lugar, seguido por Copilot y Meta AI.
En cambio, entre los adultos mayores, Gemini y Copilot presentan niveles de utilización similares.
Otros servicios como Grok, Claude o Character.ai tienen una presencia considerablemente menor y, en general, alcanzan a una de cada diez personas o menos.
Buscar información y trabajar: los usos más extendidos
La principal puerta de entrada a los chatbots es la búsqueda de información.
Cerca de la mitad de los adultos de entre 18 y 49 años utiliza estas herramientas para buscar información. El porcentaje disminuye al 37% entre quienes tienen entre 50 y 64 años y llega al 20% entre los mayores de 65.
El trabajo también aparece entre los principales usos.
Alrededor de cuatro de cada diez adultos empleados menores de 50 años utilizan chatbots para cuestiones relacionadas con su actividad laboral. El porcentaje es inferior entre los trabajadores de mayor edad.
Pero la IA no se queda en las oficinas.
Los adultos más jóvenes también son quienes más recurren a estas herramientas para entretenerse, recibir recomendaciones e incluso buscar información relacionada con cuestiones de salud.
Cuando la IA empieza a ocupar un lugar emocional
Uno de los datos más sensibles del estudio aparece al analizar el uso de la inteligencia artificial como fuente de apoyo emocional o consejo personal.
Aproximadamente uno de cada cinco menores de 30 años afirma haber recurrido alguna vez a un chatbot con ese objetivo.
La proporción baja a cerca de uno de cada diez entre los adultos de 30 a 49 años y continúa descendiendo entre las personas de mayor edad.
El fenómeno abre una discusión que excede a la tecnología: ¿qué sucede cuando una herramienta diseñada para responder preguntas comienza a ocupar espacios tradicionalmente vinculados con los vínculos humanos?
El debate sobre el impacto de la IA en el bienestar psicológico recién comienza, pero los datos muestran que para una parte de los jóvenes los chatbots ya no son solamente buscadores sofisticados: también pueden convertirse en interlocutores.
La confianza cae drásticamente con la edad
La familiaridad con la tecnología tampoco significa confianza absoluta.
Aunque la mayoría de los estadounidenses ha escuchado hablar de los chatbots, existen fuertes diferencias según la edad.
Entre los menores de 30 años, aproximadamente tres de cada diez dicen tener mucha o muchísima confianza en su capacidad para utilizar estas herramientas.
Entre los mayores de 65 años, el porcentaje cae hasta apenas el 6%.
La brecha muestra que el desafío para las generaciones mayores no necesariamente es solamente el acceso tecnológico. También aparece una cuestión de alfabetización digital y confianza.
¿La IA mejora o perjudica la creatividad?
La percepción sobre la creatividad también presenta diferencias.
En términos generales, los estadounidenses tienden a considerar que los chatbots pueden ayudar a desarrollar la creatividad antes que perjudicarla.
Pero entre los menores de 30 años las opiniones están prácticamente divididas: alrededor de una cuarta parte considera que estas herramientas ayudan a su creatividad, mientras que cerca de un 20% cree que la perjudican.
En los grupos de mayor edad la mirada tiende a ser algo más positiva, aunque tampoco existe una confianza generalizada en que la IA necesariamente mejore la capacidad creativa.
La IA ya está fuera de la pantalla
La expansión de la inteligencia artificial tampoco se limita a los teléfonos y las computadoras.
Los buscadores incorporan cada vez más resúmenes generados mediante IA, que aparecen directamente en los resultados de búsqueda.
La mayoría de los estadounidenses de entre 18 y 64 años afirma haber leído este tipo de contenidos alguna vez. Entre los mayores de 65 años, en cambio, la proporción disminuye considerablemente.
Lo mismo ocurre con los dispositivos inteligentes.
Los menores de 50 años son más propensos a tener relojes inteligentes, mientras que las personas de entre 30 y 40 años se destacan especialmente en la incorporación de dispositivos domésticos con funciones de inteligencia artificial, como parlantes inteligentes, timbres y termostatos.
La IA comienza así a desaparecer como concepto visible y a convertirse en una capa invisible integrada a la vida cotidiana.
Una brecha generacional que no es simplemente tecnológica
El estudio del Pew Research Center deja una conclusión que merece atención.
La diferencia entre generaciones no puede reducirse a decir que los jóvenes usan IA y los mayores no.
La realidad es más compleja.
Los jóvenes utilizan más estas herramientas, las incorporan al trabajo, a la búsqueda de información y al entretenimiento. Incluso algunos las utilizan para cuestiones emocionales. Pero esa misma generación es la que manifiesta mayores dudas respecto del impacto que la inteligencia artificial tendrá sobre la sociedad y sobre su propia vida.
Los adultos mayores, en cambio, tienen una relación más distante con la tecnología, menor confianza y menor frecuencia de uso, pero también muestran mayores niveles de incertidumbre.
En definitiva, la discusión sobre la inteligencia artificial ya no es una discusión tecnológica: es una discusión social.
La pregunta no es solamente quién utiliza ChatGPT, Gemini o cualquier otro chatbot.
La verdadera pregunta es qué lugar estamos dispuestos a darle a estas herramientas en nuestras vidas y qué límites estamos dispuestos a establecer.
Porque la inteligencia artificial puede avanzar a una velocidad extraordinaria. Pero la sociedad todavía está tratando de decidir si quiere correr detrás de ella, acompañarla o ponerle un freno.
Fuente: Pew Research Center.
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