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Cuando las noticias policiales ocupan demasiado lugar

Por Luis Emanuel Cecchini

Como periodistas sabemos que no todo lo que ocurre es noticia. Existen criterios de noticiabilidad que nos ayudan a decidir qué merece ser contado: la proximidad, la cercanía, la relevancia y, especialmente, aquello que resulta extraordinario.

En ese esquema, las noticias policiales tienen una ventaja evidente. Un robo en nuestro barrio, un accidente en una avenida conocida o un hecho violento ocurrido a pocas cuadras de nuestra casa generan una atención inmediata. La proximidad convierte un hecho en algo que sentimos cercano.

Pero también está lo extraordinario. Un homicidio, un operativo policial, una tragedia o un delito con características inusuales rompen la rutina y despiertan curiosidad. Y los medios sabemos perfectamente que esas noticias generan clics.

De hecho, cerca del 40% del contenido que publican algunos medios puede estar relacionado con información policial, una proporción que invita, como mínimo, a preguntarnos qué lugar ocupa este tipo de noticias en nuestra agenda.

Ahí aparece la primera crítica que debemos hacernos como periodistas. Muchas veces no publicamos una noticia policial solamente porque sea importante para la comunidad, sino porque sabemos que será leída.

El problema aparece cuando esa lógica termina ocupando buena parte de la agenda. Portadas y redes sociales pueden quedar dominadas por robos, accidentes, detenciones y hechos violentos, mientras otras noticias vinculadas con educación, cultura, ambiente, discapacidad, trabajo o iniciativas comunitarias quedan relegadas.

No se trata de dejar de informar sobre hechos policiales. Sería absurdo. El delito forma parte de la realidad y debe ser contado. La discusión está en cómo lo contamos y cuánto espacio le damos.

La proximidad y la cercanía son criterios periodísticos válidos. Lo extraordinario también. Pero ninguno debería convertirse en una excusa para transformar la tragedia en espectáculo.

Como periodistas, tenemos que preguntarnos algo incómodo: ¿estamos informando porque el hecho es relevante o porque sabemos que el morbo consigue más audiencia?

El lector también tiene su responsabilidad. Si hacemos clic, compartimos y comentamos exclusivamente las tragedias, los medios registrarán ese comportamiento y producirán más contenidos similares.

Pero la responsabilidad editorial sigue siendo nuestra. Porque un medio no solamente cuenta lo que sucede: también decide qué parte de la realidad merece ser vista.

Y quizás el desafío del periodismo digital sea justamente ese: aprovechar la proximidad, la cercanía y lo extraordinario sin permitir que la agenda quede atrapada en la violencia.

Una comunidad es mucho más que sus delitos. Y el periodismo debería ser capaz de mostrarla completa.

 

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