Mientras la mayoría de los argentinos ajusta sus gastos para sobrevivir en un contexto de inflación persistente, subas de tarifas y caída del poder adquisitivo, el Senado de la Nación vuelve a estar en el ojo de la tormenta: esta semana se oficializó un nuevo aumento en las dietas de los legisladores, que llevará sus ingresos brutos a más de $10 millones por mes.
La actualización se debe a la firma de una nueva paritaria para el personal legislativo, que contempla un aumento del 7,52 % para el período junio‑noviembre. Aunque se trata de un ajuste salarial para trabajadores del Congreso, por la ley de “enganche automático” sancionada en abril pasado, este incremento también impacta en los sueldos de los senadores.
¿Cuánto cobran realmente los senadores?
Con el nuevo ajuste, la dieta bruta de un senador asciende a $10.216.000 mensuales. A ese monto se le deben descontar aportes previsionales y el impuesto a las Ganancias (alrededor del 35 %), pero aún así el ingreso neto queda muy por encima de la media nacional. Para ponerlo en perspectiva: equivale a más de 40 salarios mínimos.
Este nuevo aumento reaviva un debate postergado sobre el costo de la política y la desconexión entre los representantes y los representados.
La vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, habilitó un mecanismo para que los senadores pudieran renunciar voluntariamente al incremento salarial. Sin embargo, solo la mitad de los legisladores presentó la nota correspondiente. La otra mitad aceptó el aumento sin objeciones.
La noticia del aumento generó fuerte repudio en redes sociales y medios de comunicación. Muchos usuarios denunciaron el contraste con los recortes presupuestarios en áreas sensibles como salud, educación y transporte. Otros señalaron la contradicción entre los sueldos legislativos y la narrativa del “ajuste necesario” que se promueve desde el Gobierno.
En un país donde el salario promedio ronda los $600.000 y la canasta básica supera el millón de pesos para una familia tipo, resulta difícil justificar que un senador cobre más de $10 millones brutos por mes.
¿Y ahora qué?
La discusión sobre los ingresos de la clase política vuelve a estar sobre la mesa. ¿Debe haber límites claros a las dietas de diputados y senadores? ¿Es legítimo un sistema que permite aumentos automáticos sin debate público? ¿Alcanza con renuncias simbólicas o es necesario un cambio estructural?
Lo cierto es que, en medio de una crisis económica profunda, estos aumentos generan malestar y alejan aún más a la dirigencia política de la ciudadanía. La pregunta ya no es si los senadores pueden cobrar 10 millones de pesos, sino si deben hacerlo.

