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Violencia y polarización en Corrientes: La Libertad Avanza y un cierre de campaña convulsionado

El cierre de campaña de La Libertad Avanza (LLA) en Corrientes, a pocos días de las elecciones provinciales del próximo domingo, se vio marcado por nuevos episodios de tensión y violencia. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, tuvieron que ser evacuados junto al candidato a gobernador Lisandro Almirón tras enfrentamientos con manifestantes en la vía pública.

Los hechos reflejan un clima político cada vez más polarizado. Imágenes y testimonios muestran cómo grupos que estaban presentes desde antes de la caravana comenzaron a amedrentar con gritos y empujones, especialmente en la zona donde se encontraba Karina Milei. Según fuentes del propio oficialismo, los incidentes se produjeron luego de que algunos seguidores libertarios respondieran a las provocaciones. El operativo estuvo a cargo de la Policía Federal con apoyo de la fuerza provincial.

Desde La Libertad Avanza denunciaron que militantes del gobernador Valdés interrumpieron violentamente la actividad, mientras Karina Milei emitió un breve mensaje reafirmando su respaldo a Almirón: “Lisandro es Milei”. Por su parte, el candidato criticó los hechos: “Patearon las puertas de los vehículos y vinieron a alterar el cierre de campaña que habíamos organizado en paz y con mucha alegría. El 31 de agosto los correntinos vamos a ir a votar por el cambio y la libertad”.

Más allá de los episodios concretos, estos incidentes muestran cómo la estrategia de confrontación y polarización que caracteriza a LLA se refleja no solo en sus discursos, sino también en la dinámica de sus actos proselitistas. La recurrencia de escraches y enfrentamientos en distintas provincias –como el registrado días atrás en Lomas de Zamora– evidencia que la campaña libertaria no se limita a un despliegue mediático, sino que tensiona activamente los escenarios locales.

En este contexto, el cierre de campaña en Corrientes no solo fue un acto electoral más, sino también un termómetro del nivel de conflictividad política que atraviesa el país. Los comicios del 31 de agosto se presentan así como una prueba de cómo los partidos deben gestionar la movilización ciudadana y la seguridad de sus candidatos, en un ambiente donde la polarización y la agresividad política parecen intensificarse.

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