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Sociedad

Día Nacional de Lucha contra el Grooming, una responsabilidad que empieza en casa y exige presencia del Estado

Cada 13 de noviembre, Argentina recuerda el Día Nacional de Lucha contra el Grooming, una fecha que invita a reflexionar sobre uno de los delitos más invisibles y preocupantes de la era digital.

Detrás de las pantallas, miles de niños, niñas y adolescentes pueden quedar expuestos a situaciones de acoso sexual en línea, muchas veces sin que su entorno más cercano lo advierta.

El grooming no es una amenaza lejana: sucede todos los días, en cualquier dispositivo, y aprovecha la falta de acompañamiento y supervisión de las personas adultas. Por eso, más allá de las leyes y las campañas, esta jornada nos convoca a repensar nuestro rol como madres, padres, docentes y ciudadanos. Porque prevenir también significa estar presentes, escuchar, preguntar y acompañar.

En las escuelas, distintas organizaciones e instituciones impulsan talleres para que el tema se hable sin miedo, pero el desafío es mucho más profundo: convertirlo en una conversación cotidiana dentro de los hogares. No basta con que las políticas públicas lo incluyan en los programas educativos si en casa todavía se evita hablar de los riesgos de internet.

Vivimos en una época donde los dispositivos se volvieron parte del día a día. Muchas familias, en medio de las exigencias laborales, confían en que una tablet o un celular pueden ser un refugio o una compañía segura. Sin embargo, esa falsa sensación de seguridad puede abrir la puerta a un contacto desconocido, a un mensaje inapropiado o a un vínculo manipulado desde el anonimato.

El grooming, como delito, está tipificado en el Código Penal argentino y contempla penas de prisión para quienes intenten contactar a menores de edad con fines sexuales a través de medios digitales. Pero la prevención no se reduce a la sanción legal: se construye con educación, con diálogo y con la presencia afectiva de los adultos responsables.

Aun así, la pregunta que deberíamos hacernos como sociedad va más allá de la responsabilidad familiar o escolar. ¿Qué lugar ocupa realmente el Estado en esta lucha? Si bien existen programas, campañas y protocolos que buscan prevenir el grooming, la realidad muestra que su alcance sigue siendo limitado y muchas veces discontinuo.

En distintos puntos del país, las políticas públicas vinculadas a la seguridad digital dependen del esfuerzo de equipos técnicos aislados o de la voluntad de organismos locales, sin una coordinación efectiva entre las provincias y la Nación. Esto genera vacíos que muchas veces aprovechan los agresores, mientras familias y escuelas quedan solas frente a un problema que necesita un abordaje integral.

Frente a un contexto en el que la conectividad se multiplica pero la educación digital no avanza al mismo ritmo, el Estado no puede reducir su rol a campañas esporádicas en redes sociales. Es necesario que impulse estrategias permanentes, con presupuesto propio, que incluyan formación docente, acompañamiento psicológico, acceso a denuncias rápidas y protección efectiva para las víctimas.

Porque el grooming no se resuelve solo desde el aula ni desde el hogar: se combate desde una política pública sólida, sostenida en el tiempo y con presencia en los territorios. Un Estado que no asume este compromiso deja a la infancia en un terreno de vulnerabilidad cada vez más complejo, donde la tecnología corre más rápido que la protección.

El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, junto con organismos provinciales y organizaciones sociales, promueve campañas de concientización que buscan visibilizar el problema y ofrecer herramientas para detectarlo a tiempo. Una de ellas recuerda que prevenir el grooming es también acompañar el crecimiento digital de nuestros hijos e hijas.

Este 13 de noviembre es una oportunidad para hacer una pausa y pensar qué tanto conocemos el mundo virtual que habitan los más chicos. Porque protegerlos no solo es cuidar lo que miran o con quién hablan en internet, sino también construir un vínculo de confianza que los haga sentir seguros para contar lo que les pasa.

El grooming no se combate solo con leyes: se enfrenta con diálogo, con empatía y con la presencia diaria. En tiempos donde las pantallas parecen ocupar cada rincón de la vida, recuperar la conversación cara a cara puede ser el acto más valiente y necesario.

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