El Mensajero
Nacionales

La natalidad en Argentina en caída y abre un debate sobre el futuro demográfico

La reducción sostenida de los nacimientos en el país encendió una señal de alerta entre especialistas y organismos públicos, que advierten sobre el impacto social y económico de una población cada vez más envejecida.

La tasa de natalidad volvió a tocar un piso histórico en 2023 y cayó a 9,9 nacimientos por cada mil habitantes, prácticamente la mitad del nivel que Argentina registraba una década atrás.

El dato, proveniente del dossier de Niños, Niñas y Adolescentes del INDEC, confirma una tendencia que se viene acelerando desde mediados de los años dos mil y que hoy empieza a moldear el mapa social del país.

El retroceso no se limita al número de nacimientos: también se transformó la estructura de los hogares.

Según ese mismo informe, apenas el cuarenta y cinco por ciento de las viviendas del país tiene al menos un menor de dieciocho años entre sus integrantes. En 1991, ese porcentaje era del cincuenta y seis. La presencia de niñas, niños y adolescentes dejó de ser un rasgo mayoritario en amplios centros urbanos, y esa ausencia se percibe de manera desigual según el nivel de ingresos.

La Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2024 muestra que casi seis de cada diez hogares con menores pertenecen a los quintiles más bajos. En las familias de ingresos más reducidos, el setenta y dos por ciento convive con al menos un niño, mientras que en los sectores de mayor poder adquisitivo esa proporción cae al diecisiete por ciento.

La desigualdad también se expresa en el territorio: en provincias del NOA, como Jujuy, Salta y Tucumán, más de la mitad de las viviendas tiene al menos un menor, una realidad muy distinta a la de los grandes centros urbanos del centro del país.

La caída de la fecundidad se alinea con lo que ocurre en buena parte del mundo: las personas tienen menos hijos, los tienen más tarde y conviven con expectativas de vida cada vez más altas. A esto se suma un descenso sostenido de los embarazos adolescentes, que pasaron de una tasa de 33,7 en 2014 a 13,7 en 2021, según el Ministerio de Salud.

Es un cambio que redefine la organización familiar y la manera en que las nuevas generaciones imaginan su futuro.

Dentro de los hogares que sí tienen menores, el cuarenta y dos por ciento convive con un solo niño, el treinta y nueve por ciento con dos y apenas el dieciocho por ciento con tres o más.

El esquema familiar se achicó y, con él, también disminuyeron las expectativas de crecimiento demográfico.

El panorama que dejan estos datos abre un interrogante profundo sobre el rumbo del país. Con menos nacimientos y una población que envejece de forma sostenida, Argentina deberá revisar cómo estructura su sistema previsional, cómo planifica la educación y la salud, y cómo acompaña a las familias en un contexto de transformaciones culturales y económicas.

Lejos de ser un fenómeno aislado, la baja natalidad se volvió una señal de época que obliga a imaginar políticas capaces de enfrentar un proceso demográfico que avanza en silencio pero con consecuencias duraderas.

 

Te puede interesar