Un reciente análisis a gran escala concluye que el aumento del uso de la inteligencia artificial (IA) no supondría un salto dramático en el consumo energético nacional de Estados Unidos, contrario a lo que muchas voces críticas suelen advertir.
Según los autores, si la IA se incorporara de forma extendida en diversos sectores productivos, el incremento estimado sería de apenas 28 petajulios (PJ) anuales, con unas emisiones adicionales de 896 mil toneladas de CO₂ —equivalente aproximadamente al 0,03 % del consumo energético nacional y al 0,02 % de las emisiones de carbono del país.
El valor del estudio -publicado recientemente en la revista Muy interesante- radica en su enfoque: en lugar de concentrarse exclusivamente en el consumo de los centros de datos y el hardware especializado, combina datos sobre empleo, productividad, producción económica y variables ambientales para evaluar el impacto real de la IA en distintas industrias.
Los resultados muestran que el efecto varía según el tipo de actividad: mientras que sectores con alta demanda energética —como transporte o construcción— podrían sufrir aumentos más perceptibles, áreas de bajo consumo como servicios informáticos, telecomunicaciones o editoriales prácticamente no registrarían cambios.
Además, los autores subrayan que la IA no necesariamente es sólo una consumidora de energía: podría jugar un papel positivo al mejorar la eficiencia energética de procesos industriales, optimizar redes de suministro y reducir el desperdicio energético, lo que la convierte en una posible aliada para la sostenibilidad.
Por último, advierten que —aunque los hallazgos ofrecen una mirada más moderada del impacto ambiental de la IA— sus conclusiones están centradas en el contexto estadounidense. En países con una matriz energética diferente, los efectos podrían variar, por lo que sería necesario replicar el análisis con datos locales.

