El Mensajero
Nacionales

Reforma tributaria y pulseada por la reactivación económica

El Gobierno acelera un paquete fiscal que apunta a reducir costos para empresas, aliviar impuestos sobre el consumo y empujar la actividad en un escenario de recuperación lenta.

El Gobierno decidió avanzar con una reforma tributaria que busca reacomodar el mapa impositivo y darle aire a una economía que todavía se mueve con cautela. La iniciativa combina alivio para sectores productivos, estímulos directos a las pymes y una poda de tributos que inciden sobre bienes y servicios clave para el consumo.

La apuesta oficial es simple de explicar y compleja de ejecutar: si baja la presión fiscal, las empresas pueden invertir y producir más; si los costos se reducen, los precios se suavizan y el consumo gana impulso.

Uno de los cambios centrales aparece en el impuesto a las ganancias de las empresas. La propuesta reduce las alícuotas vigentes y deja atrás los niveles más altos aplicados en los últimos años. Según el planteo oficial, un esquema más liviano debería facilitar la toma de decisiones de inversión y fortalecer a las firmas que vienen operando con márgenes estrechos.

La reforma también incorpora un régimen especial para pymes y medianas empresas que reemplaza al anterior esquema de incentivos. Este nuevo marco, pensado como una herramienta de despegue productivo, contempla amortización acelerada y devolución de IVA en bienes de capital.

Para el Ejecutivo, se trata de un paso necesario para que las pequeñas y medianas compañías recuperen dinamismo y encuentren espacio para crecer en un contexto todavía frágil.

Otro punto relevante es la eliminación de impuestos internos que afectan a rubros vinculados al consumo cotidiano y a bienes durables.

La propuesta alcanza a productos electrónicos, autos, motos, embarcaciones, aeronaves, servicios de telefonía, seguros, espectáculos y alquileres con destino habitacional, entre otros. La lógica es que una menor carga impositiva permita recomponer la demanda en sectores que registran meses consecutivos de caída.

En el campo agroindustrial, la iniciativa incorpora un beneficio dirigido al uso de energía eléctrica en sistemas de riego. La medida apunta a reducir costos operativos y mejorar la competitividad del sector, un engranaje central para las exportaciones del país.

A la vez, se establece que los saldos técnicos de IVA deberán actualizarse según la inflación, un reclamo recurrente de productores y empresas que arrastran créditos fiscales sin posibilidad de recuperación efectiva.

La estrategia oficial se sostiene en una premisa: un Estado que recaude menos en el corto plazo pero que obtenga mejores resultados si la actividad logra repuntar. Ese equilibrio es, precisamente, el principal desafío.

Diversos especialistas advierten que el camino puede ser prometedor, aunque requiere un monitoreo constante para evitar que la baja de impuestos derive en un deterioro de las cuentas públicas.

Con esta reforma, el Gobierno intenta marcar un punto de inflexión. La intención es mover la economía desde los incentivos y no desde la carga impositiva, buscando que los sectores productivos encuentren oxígeno para invertir y que las familias recuperen margen para consumir.

El impacto real dependerá de la velocidad con que se recupere la actividad y de la confianza que logren construir las nuevas reglas. Por ahora, el debate crece al ritmo de una economía que necesita señales claras y decisiones que acompañen el repunte.

Te puede interesar