La tasa de desempleo en Argentina bajó al 6,6 por ciento en el tercer trimestre de 2025, según los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La cifra representa una reducción respecto al 6,9 por ciento registrado en el mismo período del año anterior y un descenso aún más marcado frente al 7,6 por ciento del trimestre previo.
Sin embargo, esta evolución positiva del indicador general se combina con un aumento de las formas de empleo precario y sin cobertura formal, lo que introduce matices relevantes sobre la calidad de la recuperación laboral.
El informe de mercado de trabajo, basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), señala que la disminución del desempleo se explica por el crecimiento del empleo, aunque ese avance se concentra mayormente en segmentos informales, sin protección social ni aportes previsionales consistentes. El balance revela que la aparente mejora del indicador global no necesariamente implica una mejora sustancial de las condiciones laborales para quienes buscan mejores oportunidades.
Según la medición del Indec, aproximadamente 958 mil personas estaban desocupadas dentro de los 31 aglomerados urbanos que releva la encuesta, sobre una población económicamente activa de 14,6 millones de personas. Si estos datos se proyectan al total del país, la cantidad de personas sin trabajo podría acercarse a 3,1 millones, un dato que subraya la persistencia de desafíos estructurales en el mercado laboral argentino.
El estudio estadístico también informa que la presión sobre el mercado laboral, que combina a desocupados y a trabajadores que desean más horas o mejores ingresos, se ubicó en el 28,7 por ciento durante el tercer trimestre. Este indicador había superado el 30 por ciento tanto en la comparación interanual como en la intertrimestral, lo que muestra que una proporción significativa de la población ocupada continúa enfrentando restricciones de ingreso y de calidad de empleo.
El empleo creció en el período analizado, pero la mayor parte de ese crecimiento se explica por el desarrollo de trabajos informales y no asalariados, donde los aportes previsionales son limitados y la protección social es reducida. Esta tendencia se reflejó en la expansión de la informalidad, que pasó del 42,6 por ciento en el tercer trimestre de 2024 al 43,3 por ciento en el mismo período de 2025, según el propio marco de la EPH. La participación de trabajadores no asalariados dentro del total de ocupados también mostró un incremento relevante.
La situación resulta especialmente compleja en determinados grupos demográficos y regiones del país. La desocupación fue más alta entre los jóvenes y las mujeres, con tasas que superan el promedio nacional

