El Congreso de la Nación atraviesa una etapa decisiva con la puesta en marcha de las sesiones extraordinarias convocadas por el Poder Ejecutivo, que se extenderán hasta el 27 de febrero.
La agenda, fijada por decreto, concentra los principales proyectos del oficialismo antes del inicio del período ordinario en marzo y obliga a acelerar acuerdos en ambas cámaras.
La reforma laboral aparece como el eje central del debate. Si bien cuenta con dictamen de comisión, mantiene abiertos focos de tensión entre distintos bloques y también entre gobernadores, atentos al impacto de los cambios propuestos.
En paralelo, el proyecto de Régimen Penal Juvenil y otras iniciativas de peso forman parte de las negociaciones que se desarrollan en despachos y reuniones reservadas.
El ministro del Interior, Diego Santilli, encabeza los contactos con referentes parlamentarios para construir consensos tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. El oficialismo trabaja contrarreloj para garantizar que los proyectos lleguen al recinto sin modificaciones que alteren su contenido central.
El temario de extraordinarias limita el debate a los puntos incluidos en el decreto de convocatoria, lo que otorga al Ejecutivo un margen de control sobre la discusión. Sin embargo, en un Congreso fragmentado, cada votación se convierte en una prueba de equilibrio político.
La primera semana de trabajo funcionará como un termómetro para medir fuerzas y definir si el oficialismo logra consolidar las mayorías necesarias para avanzar con su agenda legislativa.

