Javier Milei presentó La construcción del milagro en un Movistar Arena convertido en templo liberal. Entre humo, luces épicas, banderas violetas y su inseparable motosierra, el presidente se erigió en profeta: el ajuste como fe, el sacrificio como libertad.
El libro, de 576 páginas y $32.000 (o $25.600 en efectivo, porque la salvación también tiene precio), se vende como catecismo de redención económica. Lo que en otro contexto sería una presentación literaria, aquí fue un espectáculo mesiánico. Aplausos reemplazando debates, luces reemplazando análisis, narrativa reemplazando datos.
Inflación: desinflación con maquillaje celestial
1,9 % mensual, 33,6 % interanual.
Mejora relativa, pero el bolsillo todavía siente que el milagro es lento. El único milagro que muchos notan es que el billete de $100 siga existiendo.
Pobreza: de purgatorio a limbo
31,6 % de pobreza, 15 millones de argentinos siguen bajo la línea de pobreza y 3,39 millones en indigencia. Los milagros prometidos parecen más para los libros que para la heladera familiar. Crecimiento: el pan que no llega a todos. Sí, la economía crece… pero algunos todavía no saben si les toca el pan o solo mirar la bandeja.
El libro como catecismo político
Más que un ensayo, es dogma: la política convertida en liturgia, los números en versículos, la economía en altar. Promueve el mito de Milei como salvador y el ajuste como virtud. El mensaje es claro: quien sufre, se acerca a la libertad; quien duda, merece purgatorio económico.
Del altar a la heladera
El “milagro” de Milei es sobre todo narrativo: luces, aplausos y un libro que canoniza al líder.
El verdadero milagro sería sentirlo en el bolsillo, en la mesa, en el transporte público, en los barrios periféricos. Por ahora, el único que multiplica los panes… es el que los cobra.
En el país de los milagros decretados, la fe no alimenta: los datos, tampoco. El milagro sigue siendo una cuestión de narrativa.

