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Fabricio Rodríguez: “El camino es una vuelta a mis raíces”

Entrevista de Gustavo Billarruel

El músico villamariense presenta su noveno disco, una obra que lo devuelve al folclore argentino y al pulso de sus orígenes. En diálogo con este medio, comparte la emoción de reencontrarse con las canciones que marcaron su historia y lo conectan con el corazón de la música popular.

En una tarde calma en Villa María lo encuentro sereno, con esa paz que tienen los artistas cuando saben que están en el lugar justo. Fabricio Rodríguez habla de El Camino como quien abre una ventana hacia su propia historia. “Quise hacer un disco que me conecte a las raíces de nuestra música”, me dice con una ternura antigua, la del niño que alguna vez tocó esas mismas canciones entre su armónica y los recuerdos. “Hacía varios años que no hacía un disco de folclore, y El Camino es una obra que encierra clásicos del cancionero popular”, agrega con la certeza de quien vuelve a su punto de partida para encontrar algo nuevo.

Cuando menciona a Villa María, su voz se ablanda aún más. “Es el lugar donde todo empezó”, dice con un orgullo que no necesita explicación. “El cariño y apoyo de la gente lo recibo desde siempre. Quizás ahora con más responsabilidad, como decís, al llevar el nombre de mi lugar a cada rincón del país. Es lindo contar de dónde uno viene, y más aún cuando nombrás a la ciudad y es reconocida.” Hay algo profundamente genuino en esa manera de pertenecer: no desde la nostalgia, sino desde el agradecimiento.

El disco fue producido por Mati Zapata, con quien ya había trabajado en Vivir (2022). Me cuenta que con él comparte una afinidad artística muy grande. “Me siento muy cómodo trabajando con Mati. Buscamos obras que me acompañaron desde siempre, como Flor de lino, De Simoca, La trampera, entre otras. Canciones que solía interpretar para estudiar con mi armónica, y otras que surgieron de acuerdo a lo que el folclore representa hoy: el audio, los arreglos, tratando no solo de mostrar un sonido de banda sino también versiones acústicas como la canción El tiempo no espera a nadie, de Michel Teló.”

Hay algo de libertad en su mirada cuando habla de ese proceso creativo. “Mi disco anterior era un material de canciones propias. En este trabajo quise elegir canciones de otros autores y volcar la parte creativa en los arreglos, sobre todo en las canciones instrumentales.” Lo dice con humildad y placer por la búsqueda musical. Se nota que lo disfrutó.

El nombre de Cosquín aparece inevitablemente en la charla. Le pregunto qué significa volver a ese escenario y la respuesta le nace desde el pecho. “Es un escenario especial, el más importante que un artista vinculado al folclore puede pisar. La sensación es de respeto y gratitud por poder ser parte una vez más de Cosquín. Uno empieza a palpitar ese momento desde que se entera que va a estar. Me pasa lo mismo con el Festival de Peñas de Villa María, quizás con el compromiso de ser el festival que me vio nacer como artista.”

Cada palabra tiene el peso de los años y la emoción del presente. Fabricio sabe lo que representa Cosquín, pero también sabe lo que significa volver a casa.

Cuando le pregunto si El Camino es una síntesis de todo lo que venía construyendo o una vuelta a las raíces, responde sin dudar: “Es simplemente una vuelta a las raíces. Los duetos que vengo haciendo son parte de otro disco que, justamente por ser de duetos, se demora más. Seguro saldrá en marzo o abril de 2026. Ya tenemos feats con Destino San Javier, Javier Calamaro, Abel Pintos, Manuel Wirtz, Meno Fernández y faltan varios más. Pero ahora estoy disfrutando de este disco, y viene una temporada de mucho trabajo donde defender cada una de las canciones.”

Habla con entusiasmo, con la energía de quien vive la música como un viaje que no termina nunca.

Antes de despedirnos, le pregunto por el verano que se viene. Su respuesta, sencilla y luminosa, parece resumir toda su filosofía de vida. “Muchas canciones ya las venía tocando, por eso decidí grabarlas: porque conocía la respuesta de la gente. Creo que lo que siempre espero es poder ofrecer un buen espectáculo junto a mi banda, sonar de la mejor manera, no solo para que la gente disfrute de Fabricio, sino también del talento de los músicos que me acompañan.”

Salgo de la charla con la sensación de haber conversado con alguien que no solo canta, sino que entiende el sentido de cada nota y de cada silencio. El Camino no es solo un disco; es un reencuentro con lo esencial, una declaración de amor al folclore y a las raíces que lo vieron crecer. Y mientras lo escucho hablar de su tierra, de su gente y de su música, pienso que Fabricio Rodríguez sigue andando su camino, ese que, a fuerza de corazón y verdad, siempre lo lleva de regreso a casa.

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