Jorge Antonio Bergés, conocido por su actuación durante el terrorismo de Estado, murió a los 83 años en un sanatorio de Quilmes. Se encontraba con prisión domiciliaria mientras cumplía condenas por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.
El ex médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires tuvo un rol clave dentro del aparato represivo entre 1976 y 1983.
Asistió partos en centros clandestinos de detención y formó parte del engranaje que permitió la apropiación ilegal de bebés nacidos de mujeres secuestradas.
A lo largo de distintos procesos judiciales acumuló varias condenas, entre ellas prisión perpetua, por su responsabilidad en crímenes sistemáticos, supresión de identidad y violencia sexual.
Organismos de derechos humanos lo señalaron como uno de los profesionales que colaboró activamente con el plan represivo.
Referentes de la lucha por la memoria sostuvieron que, pese a las sentencias en su contra, nunca brindó información determinante sobre el destino de los niños y niñas apropiados.
Su muerte se produce en un contexto en el que aún persisten reclamos de verdad, justicia y reparación por los crímenes de la dictadura.

